..... Por un instante
sospechó que el espejo tenía memoria, que le devolvía una imagen antigua
para engañarla, para que estuviera orgullosa y feliz como antes, antes
de la curva grosera, antes del abatimiento y el rencor culpable. Pero
no, se reconocía, era otra vez ella. Dejó que la mano reptara sobre la
piel, que el tacto le devolviera su vientre casi plano ya, la cintura
breve y flexible. Con los ojos cerrados ante el vidrio que la reflejaba,
sonrío. Imaginó su piel adhiriéndose a otra, deslizándose por esa otra
más morena, su piel acariciada por otras manos, sin necesidad del espejo
para verificarse... Sería amada, venerada nuevamente.
..... Subió los dedos
sonriendo. Pero eso estaba ahí. Aún ahí. La sonrisa se le erizó dura en
los labios.
..... Abrió los ojos. Eso
le cerraba el paso a su vida recuperada. Los ojos se le
inundaron.
..... Esas dos moles
redondas, inflamadas, le impedían la elegancia, la complacencia de las
miradas envidiosas de sus congérenes. Esas masa compactas, destilando el
olor pastoso de la leche, la convertían en una más, la
vulgarizaban...
..... La criatura se
movió en la cuna y ella se acercó a observarlo. Le sonreía estúpido, con
ojos inexpresivos. Era pequeño, animalmente pequeño y
móvil.
..... Parecía un siglo,
pero sólo dos meses antes se lo habían puesto en los brazos con un
"Felicidades, señora" y ella lo había rechazado con asco, encogiendo los
brazos. "Lléveselo".
..... La enfermera
insistió "Pero debe amamantarlo". La obligó a descubrirse y ella
horrorizada tuvo que soportar a ese bicho adosado succionándola. Le
dolía y asqueaba. "Depresión post-parto, se le pasará" dijo ella con la
voz gangosa de profesional acostumbrada a estas lides y le dejó caer
como al descuido una mirada reprobatoria.
..... No se le iba a
pasar nunca. Aún ahora su marido la sorprendía al llegar a casa con
"Dale de mamar a ese niño, ¿no ves que está llorando?" y ella como
atontada, dejaba la seducción del espejo para escuchar el llanto
insistente, agotado ya, de la criatura. "¿Quieres comer algo? ¿un café?"
"Luisa, esto no puede seguir así, ¿No escuchas a nuestro hijo?" y ella
repetía la mentira gastada, "Acabo de darle, pero si tú quieres..." y él
ordenaba con los ojos. Se desnudaba pausada, a escondidas, como todo lo
hecho en los últimos once meses. "Que no te avergüence, es hermoso ver
amamantar a un hijo" "No me veas" "Esta bien", decía él dándole la
espalda. Apenas lo acercaba y el niño ya se prendía al pecho
atragantándose, tosiendo, "¿Ves? Ya no quiere más, tomó suficiente" "No,
es sólo que está ansioso" Y ella debía adherírselo nuevamente ante la
mirada vigilante.
..... Le era repulsivo
verlo pegado a ella, chorreando por las comisuras el líquido que
desprendía de sus pezones antes rosados y hermosos, y ahora oscuros y
grandes, desmesurados... Luego el crío se hartaba y dormía sin
desprenderse. Debía separarlo como a los perros de su presa,
introduciendo el índice por el costado de su boca.
..... A veces, Marcos la
sorprendía a la hora del almuerzo (que ella se negaba a ingerir para
recuperar su antigua forma). "Vine a ver al heredero, ¿Ya está llorando?
Este hijo mío tiene buenos pulmones" Y la tortura, la pestilencia de la
leche...
..... Pero no estaba
dispuesta a que la devorara más. El llanto le llegó de lejos, como una
nebulosa.
..... No, sería bonita
otra vez, estilizada y sensual, no una matrona gruesa, deformada por la
complacencia. Que gritara fuerte, porque no se lo pondría al pecho como
un vulgar ternero. Marcos no iba a volver hasta dentro de tres días y
era tiempo suficiente para educarlo. Todo era cuestión de disciplina,
biberones y fórmulas correctas. La criada se encargaría.
..... "Señora, se niega a
tomar la mamadera, creo que tendrá que darle usted"
..... "Le di una orden,
Angelina" "Pero señora..." "Obedezca, y lleveselo al otro cuarto, no
soporto más los gritos" La muchacha obedeció acunándolo. Lo malcriaba,
estaba segura, pero ya prescindiría de ella cuando Marcos estuviese más
tolerante. Ahora no hacía caso de sus pedidos, pero en cuanto recuperara
su cuerpo, todo iría mejor.
..... Marcos llegó al
siguiente día. Luisa le aguardaba con su mejor blusa y su actitud felina
y aniñada de los primeros tiempos. "Tengo todo preparado, amor, te
esperaba", hizo ademán de ir a llenar los vasos, pero fue interrumpida
por "¿Y mi hijo?" "Está con Angelina, déjalo" "Primero veré al niño, ven
conmigo". La sonrisa se le congeló en el rostro, pero fue con él hasta
el cuarto al que no había entrado desde su partida.
..... El niño estaba
ojeroso, demacrado. "¿Qué le ocurre a este niño, Angelina? Parece
enfermo" Antes de responderle, Angelina se encontró con la mirada
llameante y guardó silencio. "Debo ser yo, querido, tal vez ya no deba
darle más de mi leche..." "Tonterías, la leche materna es lo más sano,
seguro se trata de otra cosa. Póntelo, ya verás que estará mejor... No
habrás dejado de amamantarlo, ¿Verdad?" "No, por supuesto, es sólo
que..."
..... El niño se prendió
al pecho con desesperación. Ella lo veía como un animal frenético,
torpe. Ya le enseñaría los modales de caballero más adelante, ya
vería...
..... Cuando trató de
retirarlo, él se le aferró a la piel y succionó aire de sus costillas.
Marcos reía. "Ves, tiene hambre, es un niño muy comilón este hijo
mío".
..... La siguiente mañana
el espejo le devolvió una pequeña protuberancia bajo el pecho izquierdo.
Un montículo casi inadvertido para otro ojo que no fuese el acucioso
denotador de cualquier imperfección que ella poseía. Le restó
importancia.
..... Por la tarde, el
niño se le adhirió con tal fuerza, que Marcos dijo que habría que llamar
a un médico, no era normal que un pequeño alimentado a sus horas tuviera
esa ansiedad. Luisa se negó rotunda; no estaba dispuesta a que la
descubrieran.
..... El sábado, él quiso
que lo dejaran junto a ellos en la cama. Hacia mediodía, el niño se
arrastraba hacia ella. Con la pierna, lo empujó, pero él chupó con
ahínco su rodilla. Tuvo que dejárselo al pecho ante la mirada dulzona y
estúpida de Marcos. MIentras lo alimentaba, observó que algo de líquido
chorreaba de la protuberancia bajo su seno izquierdo. Se alarmó. El
lunes vería a un médico.
..... Esa noche su marido
la desvistió cuidadoso, con una veneración que le desconocía. Ella tuvo
cuidado de desviar las caricias para que no notara la protuberancia
goteante.
..... En la mañana,
despertó con el niño succionándole la espalda. De un brinco estaba de
pie, asustada. "Dale su desayuno, mujer. Recuerda que hoy sale
Angelina". La repulsión le hacía sentir ganas de golpear, romper,
desmenbrar a ese crío voraz y dominante. No quería que Marcos la
abrazara, porque podría descubrir ese montículo, el vestigio feroz de la
imperfección en su nueva vida.
..... Dijo que se sentía
mal y se recostó. Las pesadillas la hacían dar vueltas y sumergirse en
un paraje desolado, donde el grito no traería ayuda. Una rama le chupó
el costado, otra el cuello. Corrió. Miles de arbustos sanguijuelas le
iban devorando el cuerpo. Tenía todos los gritos atrapados en la
garganta.
..... "No grites, Luisa,
que asustas al niño", le decía Marcos con el chiquillo en los brazos,
sollozante y tembloroso. "Qué soñabas... estás temblando" "Nada, nada,
pesadillas ¿grité?" "Sí, parecía que veías una escena de
terror"
..... El atardecer se le
hizo largo. "¿Qué tienes en el cuello?" y reía. "Parece una tetilla"
Ella se sobresaltó. Los dedos le devolvieron la forma redondeada, con un
brote del tamaño de un minúsculo pezón. Las lágrimas fluyeron
incontenibles. "No te pongas así, es un lunar un poco más grande, tal
vez tengas uina infección, Luisa, no llores, no sé qué hacer en estos
casos... Sí, debe ser eso, Max dijo que habría que cuidarte de la
depresión post parto. Anda, acuéstate, yo veré al niño y luego te lo
llevaré para que lo amamantes". Luisa lloró hasta las
convulsiones.
..... Dormía cuando
Marcos lo dejó a su lado. El niño la buscaba, succionándo cada trozo de
la piel a su paso. El padre sonreía divertido y puso la boca pequeña en
el sitio correcto.
..... Al amanecer, Marcos
observó el cuerpo de Luisa. Era algo serio, estaba seguro, debía
tratarse de una peste extraña, o algo así. Sin hacer ruido, se levantó,
dejó al niño en la cuna que adosó a la cama para que ella lo sintiera si
despertaba, y se encaminó en busca de un doctor, al que seguramente
demoraría en encontrar en domingo.
..... Luisa despertó sola
y horrorizada. Tenía el cuerpo cubierto de tetillas y de cada una manaba
leche. El niño mostraba su hambre revolviéndose inquieto en la cuna. La
cama estaba empapada. Trató de levantarse, pero se sentía a cada
instante más débil y adormecida.
..... El niño lloraba
junto a ella. Al girar para no contemplarlo, su cuerpo produjo el sonido
de un chapoteo. A breves pasos, el espejo le devolvía su figura
macilenta y húmeda. Se fue sumiendo en la inconsciencia, mientras la
leche empezaba ya a mojar la cuna del niño, que chupeteaba la almohada
con ahínco.
..