..... María Luisa Bombal
está asociada a una época muy feliz de mi vida. Me pregunto por qué en
aquella época me sentía tan feliz. Recapacito un instante y después me
contesto: "Porque tanto María Luisa como yo éramos jóvenes,
relativamente jóvenes."
..... Sería hacia
1937. María Luisa había publicado La última niebla y estaba
escribiendo La amortajada. Yo escribía artículos literarios y
estudiaba derecho. Por entonces preparaba una materia de sexto año, el
último de los comerciales, el temible Derecho Marítimo. Recuerdo haberme
presentado a examen y haber aprobado. A la noche, para conciliar el
sueño, después de tanto código y tantas tazas de café -eso era antes de
rendir examen, desde luego- leía Gone with the wind, y al día
siguiente, ya entrada la mañana, comentábamos por teléfono con María
Luisa las aventuras de Rett Butler y de Scarlet O´Hara. "Esa sí es una
novela formidable -decía María Luisa- y no las leseras que yo escribo.
Sin embargo no tengo menos talento que Margaret Mitchell. Pero, qué le
vamos a hacer, tengo un talento de otra clase. Soy un poeta en prosa."
..... Debo decir que María Luisa nunca
dudó de su talento. Una vez, estando yo presente, Oliverio Girondo
repitió los eternos lugares comunes de los escritores. Dijo que le daba
vergüenza releer cualquier libro que hubiera escrito. "Pues a mí me pasa
lo contrario -dijo María Luisa Bombal-. Algunas noches, cuando tomo
La amortajada, quedo llena de alegría. Pienso: ¡Qué inteligente
soy! ¡Cómo he podido escribir un libro tan bueno!"
..... Mientras recuerdo estas palabras de María
Luisa, quisiera precisar cuándo nos conocimos. Quizá fue en una
recepción que le dieron a Gabriela Mistral. Me parece ver a
Gabriela Mistral, imponente, majestuosa, apoyando con aire protector sus
dos manos en los hombros de María Luisa, que a su lado parecía más
pequeña y frágil de lo que era.
..... En
aquella época María Luisa vivía en un departamento de la calle Ayacucho,
frente al comedor del Alvear Palace. Muchos años después, leyendo un
libro donde Orwell cuenta su vida y que se llama Down and out in
Paris and London, rememoré los comentarios jocosos que hacía María
Luisa sobre los mozos del Alvear. No tengo el libro de Orwell a mano,
pero entiendo que dice que mientras más lujosos son los hoteles y
restaurantes donde trabajan, más salvajismos cometen los mozos y con
mayor vehemencia ejercen su espíritu de venganza contra los adinerados
clientes. Por ejemplo, escupen en la sopa que se aprontan a servir. No
quiero decir que los mozos del Alvear llegaran a esos extremos y
cometieran fechorías de esa índole, pero María Luisa me hacía notar que
era muy cómico comparar la indolencia y negligencia de que hacían gala
en el office, donde andaban todos desgalichados, y verlos de pronto muy
erguidos pasar al comedor, llevando las fuentes con una apostura casi
marcial. María Luisa y yo comíamos juntos a menudo: en mi casa, o en el
Copper Kettle de la calle Florida, que era algo así como la querencia de
la gente de Sur, y donde María Luisa pedía invariablemente Borstch. A su
vez, María Luisa solía hacerme invitar a una de las casas donde mejor se
comía en Buenos Aires. Yo la pasaba a buscar por la calle Ayacucho
(María Luisa, como creo haberlo dicho, vivía en un piso; arriba o abajo,
vivía otra chilena amiga de ella, Chita Balmaceda, una muchacha de gran
belleza); la pasaba pues a buscar a María Luisa y la encontraba con su
uniforme de gala, como ella lo llamaba, un largo traje negro de seda. En
la pared había una gaviota; María Luisa la descolgaba de la pared y se
la prendía en el hombro. Recuerdo una noche, en aquel lujoso
departamento de la calle Posadas cuyo dueño sostenía también una
revista, Saber vivir, ahora derruido, y donde solían invitarme
con frecuencia; María Luisa había resuelto no tomar vino y seguir con el
pisco-sour; estaba muy graciosa, hablaba sin parar, comía con lentitud.
Todos habíamos terminado menos ella, y el mucamo esperaba y esperaba
para servir el postre. La dueña de casa acabó por impacientarse; "María
Luisa -le dijo-, ya sabemos que sos muy divertida, pero no hablés tanto
y comé más rápido. Ça fait cadavre."
.....
¡Qué María Luisa! Todos somos diferentes de todos, hombres y
mujeres, pero María Luisa era en verdad muy diferente de las muchachas
de su época. Era raro encontrar una mujer con talento creador y que
fuera, por añadidura, sensible, ocurrente, inteligente. No sé si era
bonita. Me gustaría tener una fotografía suya de aquella época. En todo
caso, yo la encontraba muy seductora. Se parecía a una actriz que estaba
por entonces en boga: Barbara Stanwyck. En un corto viaje a los Estados
Unidos, donde se hizo amiga de Erskine Caldwell y de su primera mujer,
la fotógrafa Margaret Bourke-White, en el hotel o en las reuniones a
donde iba María Luisa, la tomaban por Barbara Stanwyck. "Do you remember
me, Miss Stanwyck? Can I have a few words with you?" (¿No se acuerda de
mí, Miss Stanwyck? ¿Puede concederme unas pocas palabras?)
..... Sobran razones para que el departamento de
María Luisa Bombal figure en nuestra pequeña historia literaria. Allí
María Luisa escribió su novela y sus cuentos; de allí surgió El
jardín de senderos que se bifurcan. Una tarde, Borges, de visita en
casa de María Luisa, se echó hacia atrás y se golpeó la cabeza con el
filo de una ventana entreabierta. Como le saliera mucha sangre, lo
llevaron a la Asistencia Pública, lo curaron, lo vendaron y le dejaron
en la herida un pedazo de masilla. Consecuencia: septicemia fulminante
por la cual estuvo a punto de morir (en aquella época no existían los
antibióticos).
..... Durante la
convalescencia y después, ya curado, Borges decidió abordar un género
nuevo, escribir algo completamente distinto de lo que había escrito
hasta entonces; que no se pudiera decir: "Es mejor o peor que el Borges
de antes." Así nació su primer cuento fantástico de inspiración
metafísica: "Pierre Menard, autor del Quijote". Borges estaba tan
preocupado por el texto que acababa de entregarme -quizá ni él mismo se
daba cuenta clara del resultado de su talento-, que a la mañana
siguiente me llamó para saber qué me había parecido. Le dije la verdad:
"Nunca había leído nada semejante", y lo publiqué en primer término, con
toda veneración tipográfica, en el número 56 de Sur.
..... Pero volvamos a María Luisa Bombal. Se dirá
que no cuento sobre ella sino minucias. Es cierto. Sin embargo, ¿por qué
desdeñar las minucias? ¿Acaso lo grande, lo infinitamente grande, no
está compuesto por lo infinitamente pequeño? Cuando entré a trabajar a
Sur, María Luisa se aparecía a menudo por la redacción. Su crítica de
Puerta cerrada fue escrita por sugerencia mía. Había en esa
película de Luis Saslavsky un elemento melodramático que tenía que
gustarle por fuerza a María Luisa Bombal y que aparece siempre en sus
novelas y relatos.
..... María Luisa vino
a Sur una tarde y habló de la película con entusiasmo. Yo le dije: "¿Por
qué no escribís lo que estás diciendo?" Escribió, en efecto, una crónica
tan inteligente que Luis Saslavsky, muy halagado, le ofreció colaborar
en el argumento de otra película con Libertad Lamarque. Ahora, con
motivo de las palabras que me han pedido que pronuncie, me puse a
revisar papeles viejos y encontré una suerte de diario que llevaba por
entonces de manera intermitente. Transcribo un breve fragmento.
"Diciembre 6 de 1938. María Luisa Bombal. Viene a buscarme a Sur. Lo
primero que hace es pintarse los labios y se mancha los dientes de rojo.
El rojo de los labios acentúa el tinte un poco terroso y enfermizo de su
cara. Está vestida con mucha gracia. Lleva un traje azul con un cuellito
a la Polaire, azul con lunares blancos, y en vez de sombrero se ha atado
a la cabeza una cinta del mismo azul con lunares blancos, que termina en
un moño grande aplastado sobre la nuca. La voz es dulce, modulada, y
habla un poco entredientes. Las palabrotas y a veces las brutalidades
que dice son en ella un refinamiento más. Le pregunto si le ha
interesado "Shakespeare en francés", el artículo de Gide
aparecido en Sur (Número 50). "¡Qué va! -me contesta-. No me hables de
ese puto. Hablemos de personas más divertidas. ¿No lo conoces a Sergio
Montt, el secretario de la Embajada de Chile? Es el hombre más cínico
que puedas imaginarte. Yo lo adoro. A veces le preguntamos con Chita
Balmaceda qué tenemos que hacer para casarnos. ¿Casarnos? -nos dice-.
Ustedes quieren casarse bien, es decir progresar social y
económicamente. Bueno, sigan mis consejos. Como primera medida deben
vestirse de luto. El luto, hijitas, es muy respetable. Dos muchachas
solas, en una ciudad extranjera como Buenos Aires, deben andar de luto.
El luto significa una familia, una tradición. Hace suponer que se ha
recibido una herencia.
..... En segundo
lugar, no se queden en ningun sitio pasadas las doce de la noche. A los
hombres les gusta acostarse temprano y se acuerdan con fastidio de las
mujeres que los hacen trasnochar. Retirarse temprano da una idea de vida
organizada, con muchos compromisos sociales. No se debe permanecer nunca
en un mismo sitio más de media hora. En tercer lugar, respeto al dinero.
Nos enseñaron a respetar el trabajo, la virtud, etc. ¡Falso! En la vida
lo esencial es el dinero. Yo es lo único que respeto. Cuando paso por la
casa de Saturno Unzué me saco el sombrero y digo ¡Ave María Purísima! En
cuarto lugar: contemporizar con los tontos, porque los tontos tienen
dinero. Los tontos hacen invitaciones al Plaza, convidan con champagne y
con frambuesas, y los bifes que comen los tontos, hijitas, son así."
(Aquí un gesto de la mano, dejando entre el pulgar y el índice una
distancia de varios centímetros). Esas frases cínicas le encantaban a
María Luisa. Y ella solía decir otras semejantes.
..... Desde que la veíamos en algún sitio,
nosotros, sus amigos, la rodeábamos, y María Luisa nos hacía morir de
risa. Pero a la noche, a solas, en nuestro cuarto, si se nos ocurría
tomar La amortajada, o leer algunos de sus cuentos, quedábamos
embriagados de tristeza. Como observa Francois Mauriac de una
contemporánea, la poetisa Anna de Noailles, María Luisa nunca permitió
que su obra conservara el menor rastro de la prodigiosa comicidad de sus
palabras. No quería que en esa obra hubiera colaborado, por poco que
fuera y por mucha gracia que tuviese, lo que podríamos llamar,
literariamente hablando, la parte inferior de su espíritu.
..... Borges hizo una crítica de La
amortajada en el número 47 de Sur, el primer número de la revista
preparado por mí. Allí decía que los libros de María Luisa Bombal eran
esencialmente poéticos. Ignoro -continuaba Borges- si esa involuntaria
virtud es obra de su sangre germánica o de su amorosa frecuentación de
las literaturas de Francia y de Inglaterra. Lo cierto es que en La
amortajada no faltan sentencias ni tampoco páginas memorables, pero
que vastamente las supera el conjunto del libro. "Libro de triste magia,
deliberadamente suranné, libro de oculta organización eficaz, libro que
no olvidará nuestra América."
..... He
pensado en esta última frase de Borges, libro que no olvidará nuestra
América, porque años, años después, conversando con un escritor mexicano
de gran talento, menor que María Luisa, menor que yo, y autor de una
obra tan breve como admirable, me dijo, creo recordar, que La amortajada
era un libro que lo había impresionado mucho en su juventud. Ese
escritor es Juan Rulfo. Quizá en Pedro Páramo, la novela
de Juan Rulfo, podríamos discernir alguna influencia de La
amortajada. En ese caso las palabras de Borges sobre la novela de
María Luisa Bombal, nuestra amiga tan querida, habrían resultado
proféticas.
Palabras pronunciadas en el
Homenaje a María Luisa Bombal,Centro Cultural General San Martín , el
día 29 de mayo, al cumplirse el cuarto año de su muerte,