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COLOANE: Padre de la
Patria
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Comedor de ulte y huevos de
raya, descendiente honorario de los onas y descubridor literario del
inabarcable territorio magallánico, Francisco Coloane ahora se ha
convertido en coleóptero. Darwini coloanei se llama el verde espécimen
que le dedicó un entomólogo francés a este tótem nacional que ahora en
julio cumple 89 años.
texto y fotos de Claudia
Donoso
..... Hijo ilustre de Quemchi y Cabalero de las Artes y
las Letras de Francia, poco le importan hoy día todos esos laureles a
Francisco Coloane. No quiere saber nada con el ruido o la fama
internacional que le ha caído encima y pasa la mayor parte del tiempo
tendido de espaldas en su dormitorio que, lleno de conchas de loco,
lapas, picorocos y soles marinos, ilustra su histórica y declarada
pertenencia al mar oceáno. Está cansado y no fue menor la hazaña
cumplida. "Para producir un libro importante hay que elegir un tema
importante. Jamás se ha escrito un libro grande y perdurable sobre una
pulga aunque hay muchos que lo han intentado", anoto Herman Melville por
ahí y Coloane no se quedó chico. Al recuperar artísticamente el mundo de
los confines patagónicos -desconocido incluso para los chilenos- se
convirtió en el conquistador literario de ese territorio austral donde
enloquecen las brújulas. Describió a los hombres de a caballo o de a
bordo que circulan por aquellos páramos y los transformó en un
mito.
..... Los franceses lo han comparado
con el autor de Moby Dick, con Verne y Conrad pero se
aburrieron de este ejercicio. "contentémonos con encontrar en él a un
escritor que no se parece a nadie y cuya obra tiene el sabor agrio y
fuerte de los alcoholes clandestinos" expresó el crítico de Le
Figaro. L´évènement du jeudi por su parte terció: "Lean a Coloane:
es una orden".
..... Sabíamos que el
anciano autor de Cabo de Hornos no quería ver a nadie y menos dar
entrevistas. Sabíamos que no estaba bien de salud y que hace unos meses
suspendió su cotidiano paseo a la librería Zamorano y Caperán de la
Plaza de Armas. Eliana Rojas, su mujer, nos había confidenciado, entre
otras cosas, que la reciente visita de Walter Salle -el director
brasileño nominado al Oscar por su película Estación central,
que ahora quiere filmar El camino de la ballena- lo había
dejado por completo indiferente.
.....
Estaba claro que había que respetar su silencio -por lo que nos habíamos
contentado con ir varias veces a su departamento de la calle Miraflores
en busca de material bibliográfico- cuando de pronto se produjo lo
impensable: sorpresivamente emergió Coloane de su cueva marina. Como el
capitán que siempre ha sido le preguntó a Eliana Rojas cuánto marcaba el
barómetro y se sentó un rato a conversar. Salimos pues de allí con un
pequeño e inestimable tesoro bajo el brazo. Lo reservamos, a guisa de
corolario, para el final.
..... Aunque a
él ya no le importe, nadie puede detener las reediciones de sus libros a
las que se agrega ahora la publicación, por parte de la editorial
Alfaguara, de Cuentos completos, en una serie reservada
para los clásicos contemporáneos de habla hispana. Será la oportunidad
para leer y releer a Coloane, quien ha declarado: "No soy un
intelectual. A mí me ha hecho escritor la vida. A los personajes de mis
libros los conocí. Yo no invento nada". Su vida, eso sí, ha sido una
novela de las buenas.
SÁNGUCHES DE
OSTRAS
..... Nacido en Quemchi en el año 1910 -año en que
también se vió pasar al cometa Halley-, se crió rezando padrenuestros
dentro de barquichuelas durante los temporales. Su madre, Humiliana
Cárdenas, usaba un revólver con cacha de concha de perla al cinto y
salía a recorrer sus trescientas cuadras de tierra de a caballo. Además
manejaba un bote de cuatro remos -a menudo con el niño Coloane dentro-,
en el que iba a cuidar una hijuela plantada con frutillas, que tenía al
fondo del estero de Tubildad. En la huerta sobresalían los huesos de
ballena traídos por el padre, Juan Agustín Coloane, de sus travesías en
su barco ballenero. Quería que su hijo también fuera marino y desde
chico lo llevó a navegar por los canales. A veces bajaban a tierra y
hacían picnic con ensalada de nalcas y sánguches de ostras que Coloane
padre sacaba a cuchillo de las rocas orilleras.
..... A los 5 años el niño Coloane escuchó que
había hombres que emigraban a Argentina y se arrancó de la casa. Su
progenitor salió a buscarlo y llegó de vuelta con él en brazos. Marino
autodidacto, Juan Agustín Coloane llegó a ser capitán de la Yelcho, el
primer barco ballenero que en Chile cazó cetáceos con arpón, y murió de
diabetes cuando su hijo tenía 9 años: "Antes de morir me dio la mano y
me dijo: "volvamos al mar", ha dicho el escritor. En El camino de la
ballena y, a través de su protagonista Juan Nauto, Coloane revivió
la memoria de su padre.
ESPONJA DE
NIEVE
..... A los 13 años Coloane dejó el seminario jesuita de
Ancud y partió a estudiar al colegio de los sacerdotes salesianos de
Punta Arenas. Corría el año 1923. "Por primera vez me encontré en una
ciudad que, al llegar, me pareció como una esponja envuelta en nieve",
ha contado.
..... Marcada por la presencia
de yugoslavos, españoles, noruegos, rusos e italianos emigrados y de los
tripulantes de los barcos que pasaban por ese extremo del continente
desde el oceáno Atlántico hacia el Pacífico, Punta Arenas tenía un toque
internacional pródigo en personajes poco convencionales. El profesor de
francés, por ejemplo, era un anciano alemán de apellido Von Streusse que
sorbía rapé desde su larga uña del pulgar derecho, y el amigo de
adolescencia del joven Coloane se llamaba Jáksic, Esteban Jáksic, un
yugoslavo medio poeta que cuando se detenían a mirar las encrespadas
aguas del Estrecho de Magallanes, declamaba el siguiente verso: "Allá
anda Cristo sobre el mar apacentando sus ovejas".
..... Cuando a Coloane le han preguntado por su
formación de escritor ha insistido en la importancia que tuvieron los
suplementos literarios que llegaban a Punta Arenas , desde Buenos Aires,
a bordo de los barcos y donde leyó adelantadas traducciones de poetas y
novelistas contemporáneos como Rilke y Somerset Maugham.
..... "El ambiente cosmopolita de Magallanes y el
desaparecimiento de mi madre cuando yo tenía 15 años crearon lo que soy
hasta la fecha: un ser que no se siente bien en ninguna parte" señaló
Coloane en el discurso con que agradeció el Premio Nacional de
Literatura, en 1964. La muerte de Humiliana Cárdenas le desencadenó una
tremenda crisis. De ser un alumno destacado pasó a ser uno de los peores
de su curso y no terminó el colegio. Huérfano y sin dinero, se embarcó
hacia Tierra del Fuego y allí se ganó la vida cazando baguales, nombre
que se les da a los ovinos, vacunos o caballares que se apartan de la
manada y se tornan salvajes. A los 18 años hizo el servicio militar y a
los 19 se empleó como aprendiz en la Estancia Sara, en la Tierra del
Fuego argentina. Su primer cuento, Perros, caballos,
hombres, da cuenta del clásico trío que recorre pampas donde a
menudo se asiste al crudo espectáculo de la explotación del débil por el
más fuerte. "El hambre obliga al hombre a comer y la cárcel a trabajar
para que no robe su comida", dice el temible "rey del páramo" en el
cuento Tierra del Fuego que Miguel Littin ahora ha llevado al
cine. Con ese relato Coloane, como siempre lo recalca, no hizo sino
recoger los datos de la realidad. El protagonista, el rumano Julio
Popper, no sólo existió -hacia fines del siglo XIX-, sino que acuñó
monedas de oro con su propia efigie y organizó un ejército particular
ataviado a la usanza austrohúngara dedicado, entre otras cosas, al
exterminio de los indios fueguinos. Una libra esterlina se pagaba por
oreja.
..... Coloane conoció a fondo aquel
mundo austral poblado "de hombres de corazones apeñascados por la
codicia" y de ventisqueros azotados por "la serpentina ululante del
viento". Le tocó investigar personalmente el asesinato de un yámana a
patadas, fue peón, alambrador, capó corderos a diente, amansó caballos,
llegó a capataz de estancia y trabajó en las primeras exploraciones
petrolíferas de Magallanes. Dice que nunca pensó en ser escritor y que
si se convirtió en uno fue por nostalgia de una época que él ha
calificado como la más feliz de su vida. Allá en Magallanes se enamoró
de Manuela Silva Bonneaud, de la que enviudó muy luego y con la que tuvo
a su hijo Alejandro: Alejandro Silva se llamaría luego el joven
protagonista de El último grumete de la
Baquedano.
..... Buscando ganarse
la vida, Coloane se vino a Santiago donde obtuvo un título como técnico
sanitario; después se empleó como jefe de taller de imprenta y desembocó
en el periodismo. Su primer trabajo fue como cadáver: posó para un
colega reportero gráfico de Las Últimas Noticias con el cual
llegaron atrasados al lugar del crimen. El primer cuento, Lobo de
dos pelos, lo escribió en cama, gracias a una gripe. No tenía
plata ni para los remedios y El Mercurio le pagó por su relato.
El último grumete lo escribió en quince días, esta vez
aprovechando una intoxicación. Lo envió a un concurso de novela juvenil
de Zig-Zag y se sorprendió al ganar el premio. En 1944 se volvió a
casar. Lo hizo con Eliana Rojas, asistente social, madre de su hijo
Francisco.

DARWINISTA Y ZOOLÁTRICO
..... Cuando ganó el Premio Nacional también se
sorprendió de veras y lamentó que no se lo hubieran dado a Nicomedes
Guzmán. Modesto a más no poder, a la cronista que aquí escribe le
comentó en 1994 -a propósito de su éxito en Francia y muy en serio- que
las traducciones al francés habían mejorado mucho sus libros. Poco
tiempo antes había vuelto a Magallanes. Perdió la maleta pero volvió con
un pingüino embalsamado. En esa oportunidad también tuvimos la impresión
de que su departamento, ubicado frente al Parque Forestal, tenía algo de
cueva submarina y Coloane lo confirmó: "Yo me siento muy bien con el
ruido de la movilización. En este momento va pasando una ballena blanca
con un chorro de smog muy hermoso que se llama, no espanto sino espauto:
un espauto de smog. Por lo demás Neruda lo dijo: la casa de un poeta es
como un barco. Y yo le agregaría: en eterno naufragio".
..... La conversación fue animada y siguió en tecla
naútica: "Las palabras tienen resonancia y también tienen algo de
caracol. La palabra caracol, por ejemplo, es muy distinta a la de jibia.
Caracol es una palabra que se afirma. En cambio jibia es escurridiza",
elucubró el escritor. Dijo frases locas y artísticas y se declaro además
darwinista y zoolátrico:
-En el mar no se puede mentir. Un barco
naufragando encierra toda la humanidad y ahí usted ve las grandezas y
traiciones en una síntesis tremenda que no se produce en la tierra. El
espíritu de los naúfragos siempre permanece allí. Yo creo en los
espíritus del mar; en cambio no alcanzo a ver los del cielo. Por eso en
mi pieza tengo la concha de un loco con una lapa adentro y, como la lapa
es más chica, a través de la lapa se ve la locura del loco.
-¿Podría decirse que su
dormitorio es una concha en la que usted habita?
-Claro y
también tengo un sol de mar, ¿Usted conoce la playa de los enamorados en
Quintero? Es muy peligrosa. Yo no estaba enamorado sino que estaba en
las rocas sacando jaibas cuando me resbále y me alcancé a agarrar de ese
sol de mar que me salvó la vida. En vista de eso, tengo mi creencia
zoolátrica. A mi mujer le pedí tres turquesas con las que se estaba
haciendo un collar y se las incrusté al sol de mar en el corazón, así es
que se ha convertido en una obra de arte y en un dios. Soy un
zoolátrico. ¿Por qué el sol verdadero crea en el fondo del mar otro sol
a su imagen y semejanza? Hay un infinito en la profundidad del mar que
el hombre todavía no conoce.
-¿Usted cree que venimos
de ahí?
-Siempre he sido darwinista. Creo en la evolución de
las especies y en que toda la vida vino del océano. En el vientre
materno estuvimos como flotando en el mar y la misma tierra, vista desde
la estratósfera, se ve azul porque es el mar el que le da color al
planeta. Nuestra sangre tiene la misma densidad que el agua de mar y
cuando uno se zambulle recibe su energía por osmosis.
ULTIMA
CONVERSACIÓN
Desde ese diálogo, en 1994, han
pasado cinco años y ahora estamos de nuevo allí. Nos vamos enterando de
que está casi ciego y que lo que más hace es escuchar música clásica y
noticias en la radio Universidad de Chile. A veces da una breve caminata
por el Parque Forestal. Cuenta también Eliana que, después del viaje a
Italia que hicieron el año pasado, perdió el apetito y que lo único que
le hacía ilusión comer era leche con merengue.
-Le toca cumplir años en
julio...
-En julio, 89. Me parece bien llegar al año 2000.
Ahí nos encontraremos. Lo que dice Octavio Paz, el mexicano, es
grandioso. Dice: "La muerte me habitaba y me abandonó para habitar otro
cuerpo" (se ríe con ganas). Ella, la muerte, habitaba en él.
-Es así, tal vez, como
va sucediendo.
-Claro porque de uno en otro cuerpo se
traslada.
-En un cuento de
Cabo de Hornos dice que la
gente en esas lejanías se suicida de soledad. ¿Cómo es la muerte por
esos lados?
-Hay una piedra muy conocida cerca del Cabo de
Hornos que se llama "La piedra del finado Juan". Los marinos de allá de
Magallanes saben la historia muy bien. Se trató de un individuo que se
resbaló en la piedra y se ahogó, entonces dejó su propio monumento que
es una piedra redonda, sobresaliente durante las mareas bajas que llaman
"La piedra del finado Juan".
-Oiga ¿y existe ese
roquerío del faro del fin del mundo llamado
Evangelistas?
-Sí, yo conocí, porque yo trabajé en la
Armada. Y conocí, pero se me escapan las cosas y se me
vienen.
-En la mesa de la
entrada hay un fósil que tiene un papel pegado con un verso de Pablo de
Rokha: "Nadie quiere a nadie / todos se quieren en los
otros..."
-"El amor es lento / como el crecimiento de las
piedras". Cuando joven escribí un solo verso: a mi mujer. A Eliana. Y
resultó una cosa fantásticamente premonitoria respecto de lo que me pasa
ahora: "Una huella de luz queda en mis ojos / por donde pasó tu imagen
fulgurante y una gota de sombra en mi corazón / que de tarde en tarde
por mi sangre se reparte". Y sucedió que tengo mis ojos medio ciegos.
Con el ojo izquierdo no la veo a usted: su rostro. Veo sus contornos y
con el derecho la veo pero me duele. Así es que resultó el verso
fulgurante.
-Una premonición. ¿Y
usted durmió alguna vez debajo de pieles de guanaco?
-Es muy
corriente en Magallanes tener de sobrecama una piel de guanaco. Con los
cangurús de Australia hacen lo mismo. Son muy calientitas.
-Me gustó mucho el
cuento de La gallina de los huevos de
luz, con esos dos hombres aislados dentro del
faro. ¿Es también una historia real?
-Sí. Uno de los fareros
me contó la síntesis. Como quedaron aislados con las tormentas y no
llegaba el escampavía con los víveres. Tenían una gallina que ponía
huevos y de ellos se alimentaron, por lo que el faro seguía
encendiéndose gracias a una gallina que ponía un huevo que se convertía
en una noche de luz para los barcos.
-Lo otro es que usted
ahora se ha transformado en un coleóptero verde oscuro que se llama
Darwini coloanei.
-¡Ah sí! Y también hay una isla cerca de
Macao que se llama Coloane, así es que estoy repartido entre los
coleópteros y las islas.
- A propósito: ¿ser
isleño como usted, que es chilote, es una condición que define
algo?
-Mire, una amiga me mandó un poema, "El hombre isla".
Nos conocimos en el sur. Así me llamó y me recuerda. Yo la recuerdo
ahora a ella como a una gran isla flotando en mi mente.
-¿Y qué pasa ahora en la
mente suya?
-Mire, mi mente a veces no piensa en nada. A
veces me tiendo aquí y me quedo dormido y de repente hay un temblor o
cualquier cosa y me asusto y me despierto.
-Tal vez se esté usted
mineralizando.
-Sí. Ruben Darío dice: "Dichoso el árbol que
es apenas sensitivo / y más la piedra dura porque esa ya no siente". Yo
recuerdo un cuento de Jorge Luis Borges. El era ciego y está en su
ventana mirando a un hombre que lo va a matar, a él, con cuchillo,
entonces cuando le pega la puñalada le dice: "Despierta
Borges".
-Qué
buena.
-Había sido un sueño.
-La otra vez contó un
sueño en el que usted estaba en la terraza de su casa de Quintero y veía
en el cielo a un hombre envuelto en una lona que venía volando y era un
naúfrago. ¿Sueña últimamente?
-¿Ahora? No. No sueño. Con
todas las cosas que ocurren no hace falta soñar.
-¿Y está pendiente de
las cosas que ocurren?
-Pendiente completamente. Me conmueve
lo que está pasando en todo el orbe. Eso de Yugoslavia por
ejemplo.
-Pensé que podía estar
muy afectado usted con eso.
-Muy afectado porque Milosevic,
ese apellido, existe en Punta Arenas. Conocí un Milosevic; gente buena
para mí, toda.

El entomólogo francés Eric
Jiroux le dedicó el coleóptero
Darwini coloanei al autor de Cabo de
Hornos.
-Con el coleóptero
Darwini coloanei su nombre se juntó con el de Darwin a quien usted
aprecia tanto...
-Yo soy un enamorado de Darwin. He leído
toda su obra y lo considero un poeta. En él se mezcla ciencia y poesía.
Tenía 25 años cuando dio la vuelta al mundo y muchas de sus imágenes son
extraordinarias. Por ejemplo nombra a la península de Tres Montes, que
yo conozco, y ahí la piedra es la que envuelve el corazón de la tierra.
Entonces Darwin se admira y se pregunta por qué esas piedras están fuera
del mar cuando estuvieron en su profundidad: para contener el calor del
corazón de la tierra. Y entonces Darwin dice con mucha precisión: eso ya
pertenece al reino de la imaginación. ¿No ve? Era un poeta.
-Más o menos la misma
edad de Darwin tenía usted cuando estuvo haciendo su aventura
magallánica.
-Claro. Todo lo que he escrito es de cuando
joven.
-De lo absorbido en esa
época.
-De lo absorbido en esa época. Y trabajando. De ahí
salen muchos de mis cuentos.
-¿Cree que los animales
son inteligentes?
-Sí. Son. Sobre todo a los que se les
enseña. Por ejemplo, yo me he perdido en un bosque en Magallanes y me ha
sacado del bosque en que me perdí, mi caballo.
-¿Cómo se llamaba su
caballo?
-Jerezano: lo saqué de una canción que había y era
un caballo medio tordillo. Nosotros arriábamos caballos salvajes. Ése es
el rodeo más difícil.
-¿Era buen
jinete?
-No. Eramos corrientes todos pero nunca me botó un
caballo. Cuando niño mi padre tenía un caballo que se llamaba Maule, que
corría. Mi madre tenía uno que se llamaba Mulato y yo tenía uno que se
llamba Huaso. Ese era chiquito y yo lo montaba. Yo mismo casi lo amansé,
nos queríamos mucho. Una vez salí del mar agarrado de la cola del
caballo de mi abuelo Feliciano Cárdenas y ahora que tengo los ojos así,
recuerdo, no sé por qué, que me mordió un caballo al lado izquierdo de
la cara y me dejó huellas. Las tuve mucho tiempo, como cicatrices, como
lágrimas, y ahora lo recuerdo así también: como lágrimas.
-¿Cómo es la aurora
boreal?
-Las auroras boreales, cuando sale el sol del
océano, es ya fantástico. Parece que estuviera uno en otro planeta. Ésa
es la impresión que yo tuve siempre, andando a caballo, recogiendo
animales, qué sé yo, entonces sale el sol de repente sobre el mar y me
descompone: creo que estoy en otro planeta. En um mundo prehistórico
también, cuando se formaba el universo.
-Otro misterio de la
Tierra del Fuego es que siendo tan inhóspita la gente siempre está
pensando en irse y se va, pero después echa de menos y vuelve, como ese
escosés de uno de sus cuentos...
-Ese fue compañero mío. Sí.
Eso es porque comen un calafate y hay una leyenda que dice que el que
comió calafate, siempre vuelve a Tierra del Fuego. Es un espino con una
baya chica pero muy rica. Muy rico el calafate. Se hace mermelada con
él.
-Y el caballo llamado
Flamenco, que en el cuento El Flamenco se venga de la crueldad de los
hombres, ¿existió?
-El pelaje de ese caballo era del color
de los flamencos. ¿Usted conoce a los flamencos? Era rosado, muy bonito,
alto, de pura sangre. Pero no me acuerdo exactamente cómo inventé el
cuento.
-No, claro, pero usted
sí se acuerda de la crueldad de los que allá en Patagonia mataban a los
potrillitos.
-Claro, con una puñalada en el pecho. Se
eliminaban porque había demasiados. Si los dejaban libres se reproducían
mucho, entonces los rodeábamos una vez al año para dejar los
mejores.
-¿Y en qué está
ahora?
-Bueno. Me cuida mi mujer. Ella me ayuda. Es más
inteligente que yo y cuando estoy intranquilo la llamo. A veces, en este
mismo diván donde me duermo, me pasa lo de Borges.
en
revista Paula, Julio 1999.
