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................,,,,,,,,,,,,,,,.. Enrique Lihn
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Esta será ya lo veo
tu última imagen: nuestra despedida en el poema en la estación
terminal. No sé por dónde empezarla para que no se me escape nada, y
las gentes las cosas apelotonadas aquí tienen algo de agobiadoramente
comparable a los restos que se enfrían frases enteras o adjetivos de
una pequeña obra maestra sobre la cual pesara, hasta perderla, esta
impaciencia, nuestro cansancio mi inarticulación la ferocidad del
egoísmo por el cual cuando me empiezan a doler los pies prefiero la
cama a cualquier otra cosa incluyendo a la poesía que voy a decirlo todo
esta noche eres tú, y, entretanto, no insistas en que un gordinflón
de cuarenta años duerma apoyado en tu hombro, para retenerlo otro
poco. A la estación le sobran escenas como éstas, la cara triste
de la revolución que me sonría por la tuya con algo de una máscara
de hojas de tabaco pequeña obra maestra de la noche te improvisas una
moral una paciencia y hasta lo que llamas tu amor, nada podría de todo
eso brotar en esta tierra caliente removida por los
huracanes sobre la que pasa y repasa este mundo con sus pies, y se
acumulan los restos a la espera de mis adjetivos, obscenos bultos un mar
de papeles, etc., algo, en fin, como para renunciar a este tipo de
viajes.
Me parece llegar a
la edad más ingrata, me parece recordar el momento presente: no
eres tú la muchacha que conocí hace un año ni te marchaste en
circunstancias que prefiero olvidar. Por el contrario, ¿no hicimos el
amor? Una y mil veces, se diría, y para el caso es lo mismo: te
reemplazaron hasta en eso como una sombra borrara a otra, y tu
virginidad: el colmo del absurdo no te defiende ahora de parecer
agotada. En realidad recuerdo que nos despedimos aquí, pero no
puedo precisar, con este sueño, cómo ocurrió la despedida, en qué
sentido tus manos me revuelven el pelo y yo arrastro tu equipaje una
caja de latón o me insinúas que te regale un pullover. A los ojos
de la gente que no distingo de mis ojos sino para mirarles desde una
especie de ultratumba somos una pareja un poco desafiante y
acostumbrada a esto en su Estación Terminal
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un blanco y una negra contra la que, en cualquier momento,
alguien arroja una sonrisa estúpida el comienzo de una
pedrada La cara triste de la revolución y yo la tomo entre mis
manos de egoísta consumado Tanto como los párpados me pesan quienes
se sientan en el suelo a esperar una guagua hasta la hora del
juicio en que el viejo carcamal logra ponerse en movimiento y los
riegue lentamente por el interior de la República. Tu última imagen
quizá con tus yollitos en el pelo, esta falta de sentimientos
profundos en que me encuentro parecida a la pobreza por la que en
cambio tú no sientes nada o bien una despreocupada afinidad, la
risa de juntar unos medios con tus alumnos, el espejo que se guarda
debajo de la almohada para soñar con quién se quiera y tus visitas a
la abandonada que por penas de amor se llena de hijos. Ya no estoy
en edad de soportarme en este trance ni los bolsillos vacíos ni la
efusión sentimental son cosas de mi agrado, hasta leyendo mis propios
versos más o menos románticos bostezo y se me dormiría la mano si
tuviera que escribirlos. Cuántos años aquí, pero, en fin, tú eres
joven: " de otro, seras de otro como antes de mis besos ". Yo
prefiero al lirismo la observación exacta el problema de lengua que
me planteas y que no logro resolver te escribiré. La Estación
Terminal un libro abierto perezosamente en que las frases
ondulan como si mis ojos fueran un paraje de turistas
desacostumbrados a estos inconvenientes, nada que se parezca a una
mancha gloriosa, ya lo dije, de vez en cuando, una observación
estúpida: piedrecillas que se desprenden de este yacimiento
humano, incongruentes, con el saludo de Ho Chi Min transmitido por
los altoparlantes institutrices de esas que no dejan en paz a los niños
a ninguna hora de la noche, y sin embargo, tú duermes con
tranquilidad capaz de todas las consignas, pero con una reserva al
buen humor quizá la clave de todo esto un primer verso que pone al
poema en movimiento como por obra de magia.
La Habana, Cuba, 1968
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