Gabriela Mistral: Esa ilustre
desconocida
por Marcelo
Simonetti
... Habrá quien se inquiete por esto. Que vea
intenciones pérfidas. Malévolas. Al fin y al cabo, es un balde de agua
fría. De esos que estremecen. Uno termina de leer "Piececitos de niño,
azulosos de frío..." y no se imagina a Gabriela Mistral en estos
menesteres. Menos después de adentrarse en las fogosas cartas que le
escribió a Manuel Magallanes Moure: "Te amo mucho, mucho. Acuéstate
sobre mi corazón. Nunca otro fue más tuyo ni deseó más hacerte dichoso".
O esa línea donde le dice "Por ahorrarte una lágrima andaría un camino
de rodillas". Pero parece que hay cierto sustento. Que hubo fuego donde
uno no supone, no imagina, no espera.
...
Gabriela está de vuelta. Aunque en realidad nunca se fue. Quizás
acá, en su tierra, ha caído un poco en el olvido. Relegada a los textos
escolares. El fuego de su poesía lo atizan unos cuantos. Un puñado de
mistralianos fieles. Acérrimos. Afuera, otro gallo canta. En España,
acaban de hacer un documental de su vida. En Estados Unidos, más
específicamente en Nueva York, una investigación pretende librarla de
los mitos que la dibujan como la maestra latinoamericana por excelencia.
Y en México, hay un guión que la retrata con un traje insospechado: el
de lesbiana.
... Dicen que hay algo de
eso en el poema La flor del aire. Que no por nada se lo dedicó a
Consuelo Saleva. "Y todavía, loca de oro,/ me dijo: Súbete, mi sierva,/
y cortarás las sin color,/ ni azafranadas ni bermejas". Ella fue su
secretaria. Una de sus tantas secretarias. Una de las cuatro que
integraban el círculo más íntimo, junto a la chilena Laura Rodig, la
mexicana Palma Guillén y la estadounidense Doris Dana.
... Ella tuvo muchas asistentes o secretarias, o
como quiera llamárselas. Pero siempre se dijo que hubo cuatro de ellas
que rebasaron esa relación. No existen, en todo caso, cartas o diarios
en donde aparezca algún escrito íntimo. Nadie lo ha encontrado. O si lo
han hallado no ha salido a la luz pública. Todo se maneja en un ambiente
de chisme. Hay muchas historias referidas a la puertorriqueña Consuelo
Saleva. Un cuento de Rosario Castellanos también hace una alusión velada
al tema, en donde Gabriela Mistral aparece como Matilde Casanova y
cuenta con un equipo de alumnas. Se llama Álbum de familia y
tiene un tono bastante fuerte... Obviamente, a Rosario Castellanos no le
caía demasiado bien Gabriela. Lo que está claro es que hay una parte del
epistolario de la Mistral que permanece oculto, del que no se sabe dice
Licia Fiol-Matta, profesora de literatura latinoamericana del Barnard
College de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y autora de la
investigación A queer mother for the nation: the state and Gabriela
Mistral, que verá la luz en el 2002.
... Gabriela iba de aquí para allá. Desde que
salió de Chile fue una pasajera en tránsito. Dos años en México. Dos
años en Francia. Dos años en Italia. Dos en Portugal. La vida es una
eterna mudanza para ella. Hay cartas que se quedaron en el dormitorio
que habitaba. Debajo del colchón de la cama de un hotel. La mexicana
Gabriela Cano, doctorada en historia y biógrafa de Palma Guillén, aspira
a que algún día la correspondencia entre la poeta chilena y la
maestra-embajadora mexicana se conozca. Hasta ahora solo se han
rescatado tres cartas, dos de la mexicana y una de la chilena, que no
permiten alentar un secreto entre ambas.
... Cuando Luis Vargas Saavedra, uno de los
biógrafos de la poeta, le solicitó a Palma parte del epistolario
recibido, ella se negó, aduciendo que la correspondencia enviada no era
literaria, sino "simples recados" o "peticiones en breves líneas", lo
que es raro para una amistad de 35 años dice Gabriela Cano. A Palma la
movía un hondo sentimiento de discreción, que para ella era una forma de
dignidad personal, tan valiosa como la cortesía.
... En el verano de 1922, Palma Guillén esperó
ansiosa, en el puerto de Veracruz, la llegada de Gabriela Mistral. Le
habían encomendado ser su compañera y su guía durante la estada de la
chilena en México. Le impresionó la estatura de la poeta (1.78) y su
aspecto desaliñado: "A mí, que era muchacha presumida, me pareció mal
vestida, mal fajada, con sus faldas demasiado largas, sus zapatos
bajos", escribió alguna vez. Esa imagen cambiará con el tiempo. Se irá
con ella una vez que la Mistral deja México. Y será su sombra en los
ocho años siguientes.
... La relación
entre ambas perduró hasta el final de sus días. Cuando muere Yin-Yin, en
1943, Gabriela Mistral le envía un telegrama a Palma contándole la
noticia. Ella viaja de inmediato a Petrópolis para acompañarla en el
duelo. Al fin y al cabo, Yin-Yin fue criado por Palma y Gabriela. El
vínculo entre ambas se hizo más íntimo con el correr de los años. ¿Si
hubo amor? Pienso que lo hubo. ¿Si ese amor tuvo una connotación sexual?
No podría asegurarlo.
... Gabriela
Cano rescata un escrito de Palma Guillén en el que resume su relación
con la Mistral: "Llegué a ser para Gabriela, hasta el fin de su vida, un
poco su familia, la persona a la que se acude con confianza en las
dificultades y en las penas. ¡Qué alegría y qué consuelo me dio, y me
sigue dando el hecho de haberme sentido, en muchas ocasiones, su
descanso!".
¿De qué huye?
... Hay
un cuadro de Camilo Mori que a Francisco Casas le obsesiona. Que le
inquieta. Que lo pone de cabeza. La pasajera, se llama. "¿Lo recuerdas?
El de la mujer con pañuelo al cuello, vestido a los veinte, con un
sombrero enigmático, que aparece viajando. De niño ya me impresionaba
esa mujer que iba a ninguna parte. Entonces se me viene a la cabeza
Gabriela Mistral. De qué huye ella. Porque siempre está huyendo. De país
en país. Nunca vive más de dos años en un lugar. Se cansa de las casas.
Se cansa y se va a otra casa o a un hotel, como en Italia. Siempre en un
tren, siempre en un barco, siempre en un coche. ¿Dónde va Gabriela
Mistral?, ¿de qué se arranca?".
...
Casas bautizó su película, que todavía no es película, sino guión, La
pasajera. Claro. Y tiene todo un rollo armado al respecto. Casas,
quien en su momento hizo dupla con Pedro Lemebel y pasó a la fama como
una de Las Yeguas del Apocalipsis. "¿De qué arrancaba Gabriela
Mistral?, ¿qué la persigue? Lo que la persigue es su propia sexualidad.
Ella vive a contramano durante mucho tiempo. Se refugia en su poesía,
construye metáforas para esconder su sexualidad, para que no se sepa.
Piensa tú que vive en una sociedad de principios de siglo, completamente
machista, entonces ella tiene que negociar con el patriarcado para
entrar a los sistemas de poder. Hay testimonios irrebatibles de que ella
se construía a partir de una sexualidad no asumida, que solo en la
última parte de su vida habrá de vivir".
... En el discurso de Casas, Gabriela Mistral es
una mujer tremendamente seductora, fascinante, envolvente. "Una
personalidad apasionada, apasionante. Ella atraía a las mujeres. Hay
varias historias raras. Una condesa que la seguía y que además le regaló
una casa preciosa en Francia. Y ni hablar de sus relaciones con las
secretarias. Ella sale de Chile con Laura Rodig. Con ella vive una
pasión terrible".
... Casas no
habla de amores platónicos ni nada por el estilo. Dice que en esas
relaciones hay carnalidad, caricias, besos. "La cosa sexual en los
seres humanos es muy fuerte. Hay que leer entre líneas algunos poemas
para darse cuenta de que son verdaderas metáforas de su sexualidad. Por
ejemplo, La flor en el aire. Y otros que son verdaderos acertijos,
imposibles de que sean ciertos, como aquello de mi dedito lo cogió una
almeja. O ese otro que dice: Esta que era una niña de cera, pero no era
una niña de cera".
... No es la
única Gabriela que irrumpe en la película de Casas. Van apareciendo
otras que derrumban mitos. "Hay una frase que Gabriela Mistral le
dice a uno de sus biógrafos: Yo nunca fui humilde. Y aquello era así.
Porque era una mujer prepotente. Un personaje duro, firme, agrio, seco
como son los cerros del norte donde ella nació. Además, no siempre fue
una mujer pobre. Lo fue en una parte importante de su vida. Pero, no te
olvides que ella vivió en Nueva York y que con la plata del Premio Nobel
se compró una casa en Santa Bárbara, donde viven las estrellas de cine.
Ella, que nunca había tenido una casa, quiso comprarse la mejor. En
Santa Bárbara, en uno de los barrios más caros del mundo. Entonces, uno
va viendo todas estas contradicciones. Que la imagen de esta señora no
calza con la que escribió Piececitos de niño, a quienes, como
dice Rafael Gumucio en una columna, no les dejó ni un solo peso en su
testamento, porque todo se lo heredó a su secretaria, Doris
Dana".
... Casas lleva casi dos
años dando cuerpo a esta película. Ha estado en Nueva York hurgando en
el pasado. Hallando cabos sueltos. Testimonios que prefiere callar hasta
que aparezca su obra. Alguna carta. Ha bebido de algunas investigaciones
de los Lesbian and Gay Studies, que, en el último tiempo, insisten en
buscar una interpretación lésbica a la obra de la Mistral. Lo han
asesorado mistralianas residentes en Ciudad de México. Y sabe que su
visión de la poeta será un golpe duro para los mistralianos
chilenos.
... Lo que ocurre es que los
chilenos tienen esa cosa de admirar al pobrecito, al que sufre, a aquel
que se parece lo más posible al santo. Entonces necesitan inventarse
mitos. El de la pobre, triste y sufrida maestrita del valle de Elqui. No
es casualidad que ella no haya querido volver a Chile. Cuando vuelve lo
hace porque está obligada. Le toca vivir en el Nueva York de los
cincuenta. Tremendamente aperturista. Ya había leído a Walt Whitman. "Me
celebro y me canto a mí mismo", decía Whitman. Tuvo que salir de Chile
para reconciliarse con su sexualidad. Para asumir su lesbia-nismo. No es
casualidad que personajes como Raúl Ruiz o el mismo Arrau hayan huido de
Chile, de esa intolerancia, de esa manía que tienen los chilenos de
armarse al pobrecito, de esa obscenidad nuestra de cada día.
Cambio de imagen
... Licia
Fiol-Matta es puertorriqueña. Tiene ese acento indeterminado de quien
lleva viviendo largo tiempo fuera de su patria. Ha estudiado durante
diez años la vida y la obra de Gabriela Mistral. Y, por encima de todo,
le han sorprendido los mitos que se han levantado alrededor de ella. El
de la maestra latinoamericana, el de la madre, "porque ella fue madre,
no biológica, pero sí asumió el papel", el de la defensora de las
minorías raciales.
... Licia
Fiol-Matta arremete contra el mito. Lo enfrenta. De alguna manera, el
esta-blishment profita de la poeta. De su talento. "Ese mito surge en un
momento peculiar de la formación del Estado. La escuela era una
institución que era preciso consolidar. La sociedad industrial requería
de trabajadores que tuviesen cierto grado de educación, de lectura, de
escritura, y la imagen de Gabriela Mistral fue fundamental en eso. Pero
ese mito, ese ícono, terminará afectándola".
... Gabriela Mistral se pone el traje. Y recorre
Chile con esa etiqueta puesta. Fiol-Matta le ha dado vueltas al asunto.
Una y otra vez. En su ensayo The schoolteacher of America, ella
postula que Gabriela Mistral entendía que su lesbianismo podía privarla
de todas las oportunidades de trabajar, escribir y hablar en esa América
Latina patriarcal.
... Es interesante
reparar en la imagen de Gabriela Mistral. No hay muchos estudios del
patrimonio iconográfico. Pero es claro que ella estaba tratando de
encajar dentro del marco de las imágenes femeninas dominantes. Está la
idea de que ella no cuidaba su imagen, pero yo no creo eso. Hay un
cambio importante entre la imagen que proyecta en Chile, cuando su poder
era limitado, cuando debía hacer concesiones, a la que se advierte en
México, que, para mí, es más ambigua visualmente. Yo he visto fotos de
ella tomadas en México donde se ve estupenda. Pero lo que hay que
entender es que Gabriela Mistral no tenía una imagen femenina. No era la
mujer burguesa tradicional detalla Fiol-Matta.
... De acuerdo a la lectura de Francisco Casas,
México habría sido el lugar de iniciación de Gabriela Mistral. El lugar
en que se reconcilia con su sexualidad. Sin embargo, para Fiol-Matta no
hay pruebas contundentes de ello: "Nada sabemos sobre si entró en
contacto con Frida Kahlo. Es posible que ella lo haya hecho a través de
Palma Guillén. Pero no hay un estudio histórico que lo avale". No hay
pruebas concretas, contundentes. No hay documentos. No hay un diario de
vida en donde se pueda leer algo por el estilo. "Hay alusiones muy
veladas en alguna carta que envía a Isauro Santelices, esa en donde se
queja de que no se ha casado porque no ha encontrado a nadie. Pero
tampoco creo posible de que pudiese haber escrito algo íntimo, la
censura obvia de sus tiempos y la autocensura atentaban contra ello. Por
lo demás, Gabriela Mistral es una persona muy compleja. En su obra, nada
está dicho tan directamente".
... Ahí
está la poesía de Gabriela. Revisitada. Mirada con otros ojos. Ella
misma, redibujada. ¿Un arrebato de imaginación?, ¿un acercamiento a la
complejidad de su ser?, ¿quién era la verdadera Mistral? Una pregunta
difícil de satisfacer con una sola respuesta. Lo claro es que su
estatura excede la del mito de la humilde maestra latinoamericana. Así
como la hermosura de un poema radica en la posibilidad de hallar cientos
de otros poemas dentro suyo. Así también hay cientos de Gabrielas
Mistral. Depende de quién la mire. Depende de quién la lea. Al fin y al
cabo, Gabriela nunca tuvo dueño.
en El Mercurio 7 de septiembre de
2001