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RAINER MARIA
RILKE
LAS ELEGÍAS DEL
DUINO
Traducción, notas y
comentarios de Otto Dörr Zegers
PSEGUNDA ELEGÍA
Todo
ángel es terrible. Y, sin embargo, ay de mí, sabiendo como
sois, yo os canto, aves casi mortíferas del alma. Adónde se
han ido los días de Tobías (1), cuando uno de los ángeles más
deslumbrantes, de pie junto a la sencilla puerta de la
casa, y algo disfrazado para el viaje, dejó de ser
terrible; (¡un joven para el joven que miró hacia afuera con
curiosidad!). Pero si en este momento el arcángel, el
peligroso, diese un solo paso hacia nosotros desde más allá
de las estrellas, el propio corazón, sobresaltado, nos
destruiría. ¿Quienes sois?
Vosotros,
los primeros agraciados (2), mimados de la
creación, serranías, cumbres aurorales del acto creador
(3), polen de la divinidad floreciente, refracciones de
luz, pasillos, escaleras, tronos, espacos de esencias,
escudos de gozo, tumultos de sentimientos en un arrebato
tempestuoso y, de pronto, cada uno, espejos que
recrean la propia belleza irradiada y la devuelven a su mismo
rostro.
Pues
nosotros, donde sentimos, nos evaporamos, ay, y luego
espiramos y nos desvanecemos; de brasa en brasa se debilita
nuestro olor. Entonces puede ser que uno nos diga: "sí, tú
penetras en mi sangre, este cuarto y la primavera se llenan
de ti...". Y de qué sirve; él no puede sujetarnos al
desaparecer nosotros en él y en torno a él. Y a los que son
bellos, ¿quién los retiene? Incesantemente hay apariencia en
su rostro que luego se va. Y lo nuestro se desprende de
nosotros, como el rocío de la hierba temprana o el calor de
una comida caliente. Oh sonrisa, ¿hacia dónde? Oh mirada
hacia lo alto. Nueva, cálida y esquiva onda del corazón; ay
de mí: eso sí somos nosotros. ¿Es que el
espacio cósmico en que nos diluimos tiene, entonces, sabor a
nosotros? ¿Recogen los ángeles realmente sólo lo suyo, lo que
de ellos emana, o queda en ellos, a veces y como por
descuido, algo de nuestra esencia? ¿Estamos quizás fundidos
en sus rasgos, como esa vaguedad en el rostro de la mujer
embarazada? (4). Ellos no lo advierten en el torbellino de su
retorno a sí mismos. (¡Cómo habrían de
notarlo!).
Los
amantes podrían, si lo comprendiesen, hablar extrañamente en
el aire nocturno. Porque parece que todo nos encubre. Mira,
los árboles son; las casas que habitamos aún
existen. Sólo nosotros pasamos de largo como un intercambio
de brisas. Y todo concuerda en silenciarnos, en parte
quizás como vergüenza, en parte como una indecible esperanza
(5).
A
vosotros, amantes, que os bastáis el uno al otro, yo os
pregunto por nosotros. Vosotros os tomáis. ¿Tenéis pruebas?
Ved, sucede que mis manos mutuamente se comprenden o que mi
rostro gastado busca en ellas mi refugio. Esto me hace sentir
un poco. Pero, ¿quién se atrevería a ser sólo por
eso? Pero a vosotros, que crecéis embelesados en el
otro, hasta que él, subyugado, os suplica que no más; a
vosotros, amantes, que entre las manos os hacéis más
abundantes, como años de vendimia; que a veces dejáis de ser,
sólo porque el otro del todo prevalece: yo os pregunto por
nosotros. Yo sé que os tocaís dichosos, porque la caricia os
retiene y no desaparece el lugar que vosotros, tiernos,
ocultáis; porque debajo presentís la pura duración. Es
casi eternidad lo que os prometéis en cada abrazo. Y, sin
embargo, cuando resistís el terror de las primeras miradas y
la nostalgia en la ventana y el primer paseo juntos,
una vez, por el jardín; amantes, ¿seguís
siéndolo entonces todavía? Cuando os alzáis el uno
al otro hasta los labios, bebida a bebida: oh cuán
extrañamente se substrae entonces al acto el
bebedor.
¿Y no os
asombraba en las estelas áticas (6) la prudencia del gesto
humano? ¿No fueron puestos el amor y la despedida tan
suavemente encima de los hombros, como si estuviesen
hechos de otra materia que en nosotros? Acordaos de las
manos, cómo descansan sin presión, aunque en los torsos está
toda la fuerza. Esos señores de sí mismos lo sabían: hasta
aquí llegamos, esto es lo nuestro, el tocarnos
así; con más fuerza nos levantan los dioses. Pero
esto es asunto de los dioses.
Si
encontrásemos también nosotros algo humano que sea puro,
angosto, contenido, un pedazo de tierra fecundo y
nuestro entre el torrente y el pedregal. Porque el propio
corazón siempre nos trasciende, como a aquellos,
todavía. Y ya no lo podemos seguir con la mirada hacia
imágenes que lo apacigüen, como tampoco hacia cuerpos
divinos, en los cuales él, aún más grandioso, se
modere.
NOTAS:
1) Se refiere al texto bíblico del mismo nombre,
en el cual Tobit le pide a su hijo Tobías que busque a alguien
para que lo acompañe en un viaje. Él se encuentra con un joven
muy amable que dice conocer el camino y estar dispuesto a
acompañarlo. Este joven resultó ser el Ángel Rafael
2) La expresión "Frühe Geglütckte" es difícil de
traducir, por cuanto su sentido literal es "tempranamente
logrados", que simplemente no suena bien en castellano. Nos
hemos decidido entonces por una expresión más poética, como "los
primeros agraciados", la que, aun cuando no es exacta, contiene
la idea de que los ángeles son seres superiores, bien hechos y
con gracia ya en el comienzo de los tiempos.
3) El poeta distingue entre "Schöpfung" y
"Erschaffung". La primera palabra significa claramente "la
creación". La segunda ha sido traducida por otros autores como
"mundo creado" o por "todo lo creado". La palabra "Erschaffung",
por el hecho de tener el prefijo "er", alude a una acción, razón
por la cual la hemos traducido como "acto creador". En rigor la
palabra castellana "creación" contiene los dos significados, de
lo creado y del acto creador. Como en alemán se usan dos
palabras diferentes para los dos sentidos, preferimos también
buscar otra expresión distinta para "Erschaffung".
4) En el original dice "die Gesichter
schwangerer Frauen", vale decir, "los rostros de las mujeres
embarazadas". Por un problema de musicalidad hemos preferido
ponerlo en singular ( el rostro de la mujer embarazada), cuanto
más que no afecta nada al sentido de la metáfora.
5) En el original dice "halb als Schande
vielleicht und halb als unsägliche Hoffnung", que literalmente
habría que traducirlo como "mitad quizás como vergüenza y mitad
como una indecible esperanza". Como estimáramos que no suena
bien en castellano el hablar de "mitad", preferimos decir "en
parte".
6) Con "estelas áticas" el poeta se refiere a
una famosa réplica romana de un relieve griego, que representa
el momento de la despedida de Orfeo y Eurídice, cuando éste la
pierde por segunda vez al no cumplir la promesa hecha al dios
Eros de no mirarla hasta que ella saliera de los infiernos. En
el relieve ella coloca la mano suavemente sobre el hombro de
Orfeo y éste responde tocando apenas el dorso de la mano de
Eurídice, como si supiera que ya no la puede retener. El
filósofo Hans Goerg Gadamer también ha desarrollado el tema de
la relación del hombre griego con la muerte, a propósito del
análisis de las estelas funerarias en su artículo "Plato als
Porträtist" (Platón como retratista)
Réplica romana
de un relieve griego que representa la escena de la última
despedida de Orfeo y Eurídice, mientras el dios Hermes
la retiene a ella con la mano izquierda
COMENTARIO A LA SEGUNDA
ELEGÍA
.....
..... El poeta se
halla todavía bajo la fuerte impresión de su encuentro
con el mundo de estos espíritus superiores que son los
ángeles (cuya belleza "es el comienzo de lo terrible"),
experiencia plasmada en la Primera Elegía. Los ángeles
de Rilke -y como él lo afirma en la famosa carta a
Hulewicz del 13 de noviembre de 1925- poco o nada tienen
que ver con los ángeles de la guarda o los mensajeros
del Dios vivo de la tradición cristiana y menos aún con
esos seres un tanto afeminados que aparecen en la
pintura europea de los siglos XVII y XVIII. Desde su
poder y lejanía ellos pueden llegar a ser no sólo
terribles, sino también "aves mortíferas" para el alma
humana. Sin embargo, en otros tiempos, cuando aún
existía la inocencia y el hombre vivía sostenido por el
Dios de la revelación, los ángeles podían ser amables,
como es el caso de Rafael, el compañero de Tobías.
Recordemos el texto bíblico: "Díjole su padre...:Busca
quien te acompañe, que yo le daré su recompensa y ponte
en camino....Fuese en busca de uno y se encontró con
Rafael, que era un arcángel. No conociéndole, le dijo:
¿Podrías acompañarme a Ragues de Media, si es que
conoces el camino...? El ángel le contestó: Yo iré
contigo, que conozco bien el camino y hasta he sido
huesped de Gabael, nuestro hermano.". Pero Rafael puede
parecer amable a Tobías porque le oculta su naturaleza
("algo disfrazado para el viaje"), protegiéndolo así del
encuentro con su desnuda y terrible belleza. Este
aspecto aparece más claro en otras versiones bíblicas,
como la de Bover y Cantera, la que no habla directamente
del ángel Rafael, sino de un "joven gallardo, de pie,
ceñido y como dispuesto a emprender un camino. Y no
sabiendo que fuese un ángel de Dios, saludóle y le
dijo..., etc.". Y al final de la primera estrofa el
poeta manifiesta expresamente el peligro que
significaría hoy la proximidad del ángel: "Pero si en
este momento el arcángel...diese un solo paso hacia
nosotros...el propio corazón, sobresaltado nos
destruiría". ..... Se
pregunta entonces el poeta quiénes son estos seres. Y
responde con una letanía de cualidades y afirmaciones
metafóricas de una gran belleza. A nosotros nos recuerda
fuertemente las letanías con que Neruda inicia su gran
poema dedicado a Macchu Picchu. Romano Guardini piensa
que muchas de estas definiciones coinciden con las de la
teología medieval, en particular con las de Dionisio el
Aeropagita. El español Eustaquio Barjau, en unas notas
al pie de página de su excelente traducción de las
Elegías del año 1993, hace algunas interesantes
interpretaciones de estas metáforas, interpretaciones
basadas a su vez en las palabras de Rilke a Hulewicz a
este respecto y que hemos mencionado ya en la
Introducción: "El ángel de las Elegías es aquella
criatura en la cual aparece como ya consumada esa tarea
que venimos realizando de transformar lo visible en
invisible". Con respecto a la primera de las metáforas,
"frühe Geglückte", que hemos traducido como "los
primeros agraciados", ya que la fórmula más literal,
"los primeros logrados", era muy poco poética, el mismo
Romano Guardini recuerda que, según San Agustin y la
tradición cristiana, la creación del mundo visible fue
precedida por la creación de la realidad invisible (del
cielo y de los ángeles). Una característica importante
de las metáforas que siguen es que ellas están
dispuestas en una suerte de jerarquía ascendente:
pasillos, escaleras, tronos, espacios de esencia. Esta
última metáfora se refiere a un espacio lleno de ser, de
sentido, de luz; y no olvidemos que la imagen de la luz
ha sido empleada desde siempre como sinónimo de lo
espiritual. Ahora bien, este crescendo de
cualidades angélicas termina con la imagen del espejo,
la que de algún modo resume toda la gloria de estos
seres. El ángel refleja su belleza (la irradia), pero no
la pierde, porque la recoge otra vez. Y esta es la razón
por la cual ellos son indestructibles y eternos: ellos
no se deterioran ni se "desvanecen" como los
mortales. ..... Frente a
la grandeza de estos seres, aparece la pequeñez del
hombre. Nosotros, los humanos, estamos permanentemente
evaporándonos y desvaneciéndonos; nuestras sonrisas,
nuestras miradas, pero también los movimientos del
corazón son transitorios. Todo lo nuestro es inestable y
perecedero; pero eso es lo que somos, es nuestra
realidad. ¿Y hacia dónde va esto que se evapora y
desvanece? Quizás si el espacio cósmico tenga algo de
nuestro sabor o que los mismos ángeles recojan algo de
nuestra esencia ("¿Recogen los ángeles sólo lo
suyo...?"). ¿Será que ellos se parecen a nosotros por lo
que de nosotros reciben? ("¿Estamos quizás fundidos en
sus rasgos, / como esa vaguedad en el rostro de la mujer
embarazada?"). Pero ellos mismos no saben de este
parentesco, ya que su existencia tumultuosa les impide
percibirlo. Y aunque lo supiesen, tampoco podrían ellos
revelarnos nuestro secreto, porque nosotros no
soportamos su presencia y ellos desconocen la muerte y
viven "en el torbellino de su retorno a sí
mismos". ..... Quizás si
los amantes saben algo del secreto de la existencia
humana ("los amantes podrían, si comprendiesen, hablar
extrañamente / en el aire nocturno"), por cuanto ellos,
aunque sea por un instante, conocen la eternidad.
Nosotros, en cambio, los hombres corrientes, a
diferencia de las cosas no humanas, que de algún modo
permanecen ("los árboles son"..."las casas que habitamos
aún existen") vivimos en lo transitorio, estamos
permanentemente pasando de largo "como un intercambio de
brisas". Los amantes son diferentes. Ellos crecen
"embelesados en el otro" y entre sus (respectivas) manos
se hacen "más abundantes". Ellos se toamn uno al otro y
se funden, perdiendo los límites. El lugar donde
acontece su amor no desaparece y así pueden presentir
"la pura duración". Pero la cima del amor dura sólo un
instante y no alcanza a ser eternidad, sino más bien
anhelo de eternidad. Porque después del miedo a la
fusión y a la pérdida de identidad que trae consigo el
amor ("el terror de las primeras miradas"), así como de
las muchas esperas ("la nostalgia en la ventana") y de
la carga de la cotidianeidad (el paseo juntos por el
jardín), ¿siguen siendo ellos amantes todavía? Y sucede
entonces que cuando uno al otro se alzan hasta los
labios, "bebida a bebida", uno o ambos "bebedores" se
substraen "extrañamente" al acto mismo de
beberse. ..... El poeta
recurre entonces a las lápidas griegas ("estelas
áticas"), testimonio del antiguo sentimiento
existencial. Es probable que se refiera a una lápida
funeraria que Rilke vio en Nápoles y que representa a
Eurídice despidiéndose de Orfeo. Recordemos el mito:
Orfeo, hijo de Eagro, rey de Tracia, era teólogo, poeta
y músico célebre. Él inventó la lira y la perfeccionó
añadiéndole dos cuerdas. Todas las ninfas admiraban su
talento y deseaban tenerlo por esposo, pero sólo la
modesta Eurídice le pareció digna de su amor. Hay
distintas versiones sobre si el mismo día de la boda o
durante el primer tiempo de su feliz matrimonio la bella
Eurídice, huyendo por el bosque de la persecución de un
expretendiente, Aristeo, hijo de Cirene, fue mordida en
el talón por una serpiente y esta herida le causó la
muerte. Orfeo, inconsolable en su dolor, rogó a todas
las divinidades hasta que obtuvo la compasión de Eros,
quien le permitió descender a los infiernos a buscar a
su esposa, pero con la condición de no dirigir a ella su
mirada hasta no haber cruzado los límites entre el
averno y la tierra. El lento camino de regreso, con la
vigilancia de Hermes, estaba por llegar a su fin, cuando
Orfeo, encendido por el amor y la impaciencia, no
cumplió su promesa y miró hacia atrás a su esposa, la
que le fue arrebatada por segunda vez, sumiendo a Orfeo
en el más grande de los dolores. La estela funeraria a
la que se refiere Rilke representa de seguro esta
segunda despedida, pues a su lado aparece Hermes, que la
tiene sujeta con su mano izquierda. La escena es de una
belleza conmovedora: Eurídice coloca suavemente su mano
sobre el hombro de Orfeo, mientras éste responde a ese
ademán poniendo la suya sobre el dorso de la mano de
Eurídice, pero tocándola apenas con las puntas de los
dedos, como teniendo conciencia de que ya no la podrá
retener. Los dos aparecen con la cabeza inclinada y la
atmósfera que emana de esta escena refleja gran armonía
y serenidad. Aquellos hombres, verdaderos "señores de sí
mismos", sabían dónde estaba el límite entre lo humano y
lo divino. Su gesto era cauteloso; sabían dónde estaba
el límite entre lo humano y lo divino. Su gesto era
cauteloso; sabían decir: hasta aquí nosotros, más allá
los dioses ("esto es lo nuestro, el tocarnos
así"). ..... Pero esta
capacidad la hemos perdido. Para recuperarla tendríamos
que reencontrar la esencia de lo humano, algo "que sea /
puro, angosto, contenido, un pedazo de tierra fecundo y
nustro / entre el torrente y el pedregal". Pero también
tendríamos que lograr controlar nustro corazón (los
sentimientos y emociones), que siempre se nos escapa,
que permanentemente "nos trasciende" y de algún modo nos
traiciona. El corazón humano, en sus anhelos, va más
allá de las posibilidades humanas y nosotros somos
incapaces de apaciguarlo con imágenes o fantasías
tranquilizadoras. ..... En
suma, el tema central es la pequeñez del ser humano,
tanto frente al mundo angélico y divino como frente al
misterio de su propio destino. Los movimientos del
corazón traspasan siempre los límites entre ambos mundos
y cuando los que sufren estas emociones llegan a ese
estado tan particular que es el del amor, logran
asomarse a la eternidad, pero sin
alcanzarla.
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