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Estela funeraria de un muchacho, encontrada en
Salamina. Actualmente en el Museo de Atenas.
RÉQUIEM PARA EL POETA WOLF VON
KALCKREUTH
¿Es que en realidad no te vi nunca? Mi corazón está tan
apesadumbrado por ti como por esos comienzos (1) demasiado difíciles
y que uno siempre aplaza. Que yo empezara a decirte, ahora que estás
muerto, tú gustosamente, tú apasionadamente muerto, ¿Fue eso
tan aliviador como pensaste, o estaba aún muy distante el
ya-no-vivir-más del estar-muerto? Tú te imaginaste poseer mejor
allá, donde nadie da valor al poseer. Te pareció que ahí, al otro
lado, tú estarías dentro del paisaje -ése que aquí siempre se
acercaba a ti como una imagen- y que vendrías desde dentro hacia la
amada, pasando, alado y fuerte, a través de todo. Ojalá que ahora
no añadas el engaño a tu error juvenil, por mucho tiempo. Que tú,
disuelto en una corriente de nostalgia, arrebatado y consciente sólo
a medias, encontrases en el movimiento alrededor de las
estrellas la alegría que has trasladado desde aquí hasta el estar
muerto de tus sueños. Cuán cercano estuviste tú, querido, aquí, de
ella. Cómo se encontraba aquí como en su casa, ella, a la que tú
te referías como a la severa alegría de tu nostalgia
rigurosa. Cuando tú, desilusionado de la desventura y de la
dicha, te agitaste dentro de ti y ascendiste
fatigosamente comprendiendo y quebrándote casi bajo el peso de tu
oscuro hallazgo: entonces la llevaste a ella, a ella, a la que no
reconociste, llevaste la alegría y a través de tu sangre también
la carga de tu pequeño salvador, adelantándote. ..... Lo que no esperaste fue que el peso se
hiciese del todo insoportable: es entonces cuando éste se invierte de
repente y es tan pesado por ser tan verdadero (2). Ves, éste fue
quizás tu momento más cercano; tal vez él se acomodaba la guirnalda
en el cabello ante la puerta que tú le cerraste bruscamente. ..... Oh este golpe, cómo atraviesa el
universo cuando, en alguna parte, algo abierto se cierra con esa
corriente de aire, dura y cortante, de la impaciencia. ¿Quién puede
jurar que en la tierra no se extiende una grieta a través de las
semillas sanas?; ¿quién ha investigado si en los animales domésticos
(3) no resplandece lascivo un deseo de matar cuando esta sacudida
lanza una luz relampagueante en su cerebro? ¿Quién conoce la
influencia que desde nuestro actuar salta hacia una cumbre
cercana y quién la acompaña hasta allí, a donde todo
conduce? .....¡Que tú hayas destruido!
¡Que se tenga que decir esto de ti hasta el fin de los tiempos! Y
si inminente es que un héroe aparezca y arranque, cual máscara, el
sentido que nosotros tomamos por la faz de las cosas y que
frenéticamente nos descubra rostros, cuyos ojos nos miran hace tiempo
y en silencio a través de agujeros escondidos; esto es rostro y ya
no se transformará: ¡que tú hayas destruido! Ahí yacían los
sillares y en el aire alrededor ya estaba el ritmo de una obra en
construcción, que apenas podía contenerse; tú pasaste entre ellos y
no viste su orden, pues uno al otro te encubría; cada uno parecía
arraigarse en ti, cuando tú, al pasar junto a él, sin verdadera fe,
intentabas levantarlo. Y en la desesperación a todos
levantaste, pero sólo para lanzarlos de vuelta a la cantera
abierta, en la que ellos, expandidos por tu corazón, ya no
cabían. Si una mujer hubiese puesto su mano ligera sobre el
comienzo aún delicado de esta ira; si hubiera habido alguien, que
estando ocupado, ocupado en lo más íntimo, te hubiese
encontrado quedamente cuando tú, mudo, saliste a consumar la
acción; si tu camino hubiera conducido cerca de un taller
despierto, donde hay hombres martillando, donde el día se
realiza simplemente; si en tu mirada plena sólo hubiese habido al
menos un espacio donde cupiese la imagen de un escarabajo que se
afana; de repente y con clarividencia habrías leído la escritura
cuyos signos tú grabaste lentamente en ti desde la
infancia, intentando de tiempo en tiempo que en ello se formara una
frase: ¡ay, y ella te pareció un sinsentido! Yo sé; yo sé; tú
yacías ahí delante y tanteabas las ranuras así como uno palpa la
inscripción en relieve de una lápida. Lo que te pareció arder con
cierta luminosidad lo sostenías delante de esta línea como a una
lámpara; pero la llama se apagó antes que tú hubieras
comprendido, tal vez por tu aliento, tal vez por el temblor de tu
mano; quizás también sólo por sí misma, como se apagan a veces las
llamas. Nunca lo leíste. Pero nosotros no nos atrevemos a leer a
través del dolor y desde la lejanía.
..... Somos espectadores sólo de los poemas que hacia abajo traen
las palabras que tú escogiste, incluso más allá de la inclinación de
tu sentir. No, tú no las escogiste todas; a menudo un comienzo se
te imponía como un todo que tú repetías como una orden. Y te parecía
triste. ¡Ay, cómo si nunca lo hubieses oído de ti! Tu ángel aún
ahora lo recita y acentúa el mismo texto de otra forma y yo estallo
en júbilo ante su forma de decirlo, de júbilo por ti, porque esto
era lo tuyo: el que todo lo amado (4) de ti otra vez se
desprendiera, el que tú, al haber llegado a ver, hayas reconocido
la renuncia y en la muerte tu progreso. Esto era tuyo, tú, artista;
estas tres formas abiertas. Mira, aquí está el vaciado de la
primera: espacio en torno a tus sentimientos; y ahí, desde la
segunda, esculpo para ti el mirar que no desea nada, el mirar del
gran artista; y en la tercera, que tú mismo rompiste demasiado
pronto, cuando apenas entró la primera hornada de alimento
tembloroso desde la incandescencia del corazón, se había ya formado
en lo profundo una muerte trabajada (5), esa muerte propia que
tanto nos necesita porque la vivimos y de la que en ninguna parte
estamos más próximos que aquí. ..... Todo
esto fue tu bien y tu amistad; a menudo lo sospechaste; pero luego te
asustó lo vano de aquellas formas; tú introdujiste la mano y la
sacaste vacía y te quejaste. Oh vieja maldición de los poetas que
se quejan cuando debieran decir, que siempre proceden a juzgar sus
sentimientos en lugar de darles forma; los que todavía creen que
cuanto es triste o alegre en ellos lo sabrían y que así
podrían lamentarlo o alabarlo en el poema. Como los enfermos,
emplean ellos el idioma lleno de lamentos para describir dónde les
duele, en lugar de transformarse duramente en las palabras, como
el cantero de una catedral que obstinado se convierte en la serenidad
de la piedra. ..... Esto era la salvación.
Si sólo una vez hubieses visto cómo el destino se funde en
los versos y no vuelve, cómo en el interior se convierte en
imagen y nada más que imagen, como ocurre con los antepasados, que
al mismo tiempo parecen y no parecen asemejarse a ti cuando levantas
la vista a veces hacia el cuadro: entonces tú habrías
perseverado.
..... Pero esto es mezquino, pensar lo que no fue. También hay una
apariencia de reproche en la comparación que no te alcanza. Lo que
sucede tiene tal ventaja sobre lo que imaginamos, que nunca lo
alcanzaremos ni tampoco experimentaremos cómo era en
realidad. ..... No te avergüences si los
muertos te rozan, los otros muertos, los que perseveraron hasta el
fin. (¿Qué quiere decir fin?) Intercambia la mirada con
ellos, tranquilamente, como es la costumbre, y no temas que
nuestro duelo te abrume de forma tan extraña que les llames a ellos
la atención. Las grandes palabras de esos tiempos, cuando el
acontecer aún era visible, no son para nosotros. ¿Quién habla de
victorias? El resitir lo es todo (6).
NOTAS:
1) En el
original el substantivo "comienzo" (Anfang) está en singular. Nosotros
hemos preferido emplear el plural por estimar que así se entiende mejor
la metáfora en castellano.
2) En el
original "echt", cuya significación más frecuente es "auténtico"; sin
embargo, este adjetivo se usa también en el sentido de genuino, propio y
verdadero. Por un problema de musicalidad elegimos este último sinónimo,
que por lo demás calza perfectamente bien con el contexto.
3) En el
original "gezähmten Tieren", en estricto rigor "animales domesticados".
Como al traducirlo así se nos habría producido una cacofonía con la
palabra "investigado", que iba en el mismo verso, hemos preferido decir
"animales domésticos", que en la práctica significa lo mismo.
4) En el
original "das Liebe", que parece una arbitrariedad del poeta, por cuanto
el amor, en alemán, es femenino, "die Liebe". La otra alternativa es que
se hubiese tratado de la substantivación del verbo amar, el amar ( das
Lieben), pero el poeta dice "das Liebe", sin "n". La única posibilidad,
entonces, es que se esté refiriendo aquí, en forma un tanto peculiar, a
"lo querido" o "amado".
5) Todo
éste es un pasaje bastante obscuro, que hemos tratado de interpretar en
el Comentario. En todo caso, hemos agregado el adverbio "ya" que, amén
de mejorar la musicalidad del verso, hace más comprensible la idea de
esa "muerte trabajada", que se viene formando en cada cual desde el
pasado.
6) El verbo
"überstehen", que hemos traducido por "resistir", tiene una serie de
significados: vencer (una enfermedad), soportar (un sufrimiento),
sobrevivir, sobreponerse ( a una dificultad), y por último, resistir.
Nos hemos decidido por esta última posibilidad, por considerar que
corresponde más al contexto y por ser, al mismo tiempo, dentro de los
sinónimos, el más amplio en su significación.
COMENTARIO AL RÉQUIEM PARA UN POETA
..... No se sabe
mucho del conde Wolf von Kalckreuth: sólo que era poeta, que
había hecho unas excelentes traducciones de Verlaine y de
Beaudelaire y que puso fin a sus días a la edad de 19 años.
También se sabe que fue enterrado en algún lugar de la hoy
República Checa, que en ese entonces pertenecía al Imperio
Austro-Húngaro y culturalmente al mundo alemán. Él dejó escrita
una carta dirigida a sus padres, en la cual expresa su
incapacidad para soportar los dolores de este mundo, así como su
deseo imperioso de reunirse con amigos más leales y eternos,
como Platón, El Dante y Goethe. Es poco probable que haya
sufrido de una depresión en el sentido clínico. Su estado
corresponde más bien al de la vieja melancolía, tan propia de
los genios. Este estado alterna en ellos con momentos de alta
creatividad y se caracteriza en primer lugar por la ausencia de
capacidad creativa y luego, por los sentimientos de desesperanza
y de nostalgia persistentes. Recordemos de paso el origen
etimológico de la palabra nostalgia: el algia, vale decir el
dolor por el "nosotros" perdido. En el caso del conde
Kalckreuth, del cual no se sabe que haya sufrido en ese momento
de algún mal de amor, ese dolor debe haber estado referido a un
nosotros más general, en el sentido de la incomunicación o de la
incapacidad de comprender a los otros o de sentirse comprendido
por ellos. Para Rilke la muerte temprana es una posibilidad
legítima para el hombre elegido, sea éste poeta o héroe. El
suicidio, en cambio, no necesariamente lo es; él no representa
siempre "una muerte personal" en el sentido rilkeano de
corresponder a la persona, de, como dice en uno de sus poemas,
"caerle a uno como un vestido". Por el contrario, Rilke se
lamenta, a lo largo de todo el poema, del hecho que Kalckreuth
no haya perseverado y no haya esperado que le llegase su propia
muerte. ..... Una forma de
acercarse a una comprensión de la voluntad suicida del joven
poeta sería imaginando su vida a comienzos de siglo: una época
de gran exaltación de la ciencia, la cultura y los valores
humanos, pero en la que al mismo tiempo ya se avizoraban los
horrores que traería consigo el siglo XX, como las dos guerras
mundiales y los totalitarismos. Habría que pensar que este
joven, muy dotado y sensible, descubrió simultaneamente la
belleza de las manifestaciones del espíritu, como la poesía y la
música, y el horror de los defectos de la naturaleza humana,
como el egoismo, la injusticia, la violencia y la traición; y
este doble descubrimiento lo hizo desear el abandono de esta
tierra y aspirar, con el apasionamiento y la radicalidad de un
joven como él, a una fusión con lo único que podía ser
permanente y fiel: sus amigos que ya se habían ido. Rilke no
conoció a este joven poeta, pero supo de él, de su vida y de su
obra y se conmovió profundamente con su suicidio. Al parecer no
sólo en el poema, sino también en conversaciones y cartas
personales, habría manifestado el convencimiento de que si lo
hubiese conocido habría logrado persuadirlo de esperar su propia
muerte. ..... El réquiem comienza
con esta dramática pregunta: "¿Es que en realidad no te vi
nunca?". Es tanto lo que le impresionó este suicidio, que el
poeta no se puede convencer de no haber conocido personalmente a
la víctima de este destino trágico. Y luego viene la afirmación:
"Mi corazón está tan apesadumbrado por ti como por esos
comienzos demasiado difíciles y que uno siempre aplaza". Llama
la atención el tono coloquial con que Rilke se dirige al joven
suicida, como el de un amigo mayor que le habla a uno menor que
ha hecho algo malo y por lo tanto, con un dejo de reproche.
Luego el poeta imagina las razones que pudo haber tenido el
Conde para decidirse por esta muerte tan apasionada y
violenta:
1.
La búsqueda en el otro mundo de alivio a las penas de éste:
"¿Fue eso tan aliviador como pensaste?..., etc.". 2. Que allá
poseería más plenitud: "Tú te imaginaste poseer mejor allá...,
etc.". 3. Rilke piensa que el joven suicida pudo haber
aspirado a una plena fusión con la naturaleza en el otro mundo,
cosa que en éste no había podido lograr, puesto que el paisaje
se le presentaba sólo como imagen: "Te pareció que ahí, al otro
lado, tú estarías dentro del paisaje..., etc.". 4. Por
último, que el poeta muerto podría haber imaginado una unión
mayor con la amada desde el otro mundo, por cuanto así podría
venir hacia ella "desde dentro" y pasando "alado y fuerte, a
través de todo".
..... Y entonces
viene el reproche: "Ojalá que ahora no añadas el engaño / a tu
error juvenil, por mucho tiempo", porque el adolescente
desconoció muchas cosas importantes, no las vio a pesar de
tenerlas tan cerca, como la alegría, por ejemplo: "...la alegría
que has trasladado desde aquí / hasta el estar muerto de tus
sueños. / Cuán cercano estuviste tú, querido, aquí, de ella.".
El joven, desilusionado "de la desventura y de la dicha", se
lleva la alegría al otro mundo sin reconocerla. Tampoco conoce
el poeta suicida la capacidad de esperar. No sabe que al final
de un gran sufrimiento puede surgir una gran ventura. Él no
esperó hasta que el sufrimiento se hiciese del todo
insoportable, que es justamente cuendo "se invierte de repente"
y puede adquirir el signo contrario. El joven poeta se adelantó
a cerrar la puerta cuando, tal vez en ese mismo momento de
sufrimiento, éste "se acomodaba la guirnalda en el cabello",
vale decir, podía estar transformándose en alegría. ..... Ese golpe al cerrar la puerta, vale
decir, su acto suicida, resuena y estremece al universo entero.
Eso pasa siempre cuando en alguna parte "algo abierto se cierra
/ con es corriente de aire, dura y cortante, de la impaciencia".
Y ahí Rilke renueva su lamento, porque no se consuela él, tan
amante de la vida, tan interesado en todo lo que existe, de que
el joven poeta haya truncado sus posibilidades de ser que ya se
dibujaban como un espléndido edificio y que él tampoco supo
reconocer: "¡Que tú hayas destruido, que se tenga que decir esto
de ti hasta el fin de los tiempos!...". Y luego más adelante:
"Ahí yacían los sillares / y en el aire alrededor ya estaba el
ritmo / de una obra en construcción, que apenas podía
contenerse; / tú pasaste entre ellos y no viste su orden...",
etc. Si hubiera sido posible detenerlo, si una mujer hubiese
estorbado su camino y le "hubiese puesto su mano ligera sobre el
comienzo aún delicado / de esta ira...". Si por lo menos se
hubiese tropezado con esos lugares donde se trabaja cada día y
ese trabajo da un sentido a la vida: "si tu camino hubiera
conducido a un taller despierto, / donde hay hombres
martillando, donde el día se realiza / simplemente...". Hasta la
humildad de un escarabajo afanado podría haberlo detenido y él
no se habría provocado la muerte. Todos los anteriores habrían
sido signos de una escritura que él había intentado descifrar
desde la niñez, pero sin lograrlo. Ahora, dada su muerte
prematura, muy pocas cosas dejó el joven Conde: sólo algunos
poemas imperfectos ("Somos espectadores sólo de los poemas que
hacia abajo traen / las palabras que tú escogiste"). Pero en
ellos Rilke reconoce al menos dos virtudes. Una es la
inspiración, venida casi directamente del mundo angélico ("a
menudo, / un comienzo se te imponía como un todo / que tú
repetías como una orden"). La otra es que el joven poeta, a
través de sus poemas, llegó a "ver", a reconocer "la renuncia y
en la muerte tu progreso". Aqui Rilke acepta por primera vez la
posibilidad de que la muerte de su amigo haya tenido un
sentido. ..... Hacia el final del
réquiem Rilke trata de definir en apretadas palabras lo que debe
ser la esencia de la vida poética. Ésta debe alimentarse
fundamentalmente de los siguientes ingredientes ("tres formas
abiertas"): los sentimientos, el mirar (que mira y ve, pero "que
no desea nada") y "una muerte trabajada", esa muerte propia que
tanto nos necesita. La verdadera poesía debe ser un trabajo de
la propia vida y de la propia muerte. Y entonces Rilke retoma el
tema de la esencia de la poesía, anunciando ya en las Cartas
a un joven poeta, diciendo que éstos, en lugar de quejarse
deberían "decir" (cosas esenciales), que en lugar de juzgar
tanto sus sentimientos deberían "darles forma"; que deberían,
por último, transformarse ellos mismos en palabras, "como el
cantero de una catedral / que obstinado se convierte en la
serenidad de la piedra". Y esto habría sido la salvación del
conde Kalckreuth, pero él no la vio, a pesar de haberla tenido
en sus manos. Habría bastado que hubiera comprendido la esencia
de la poesía. Pero ahora todo esto son palabras vanas. No sea
que el adolescente, al escucharlas, se avergüence entre los
muertos y que las lamentaciones de los vivos agraven sus
sentimientos de culpa. Y el réquiem termina con una
recomendación a asumir el destino con todas sus consecuencias,
incluyendo los errores, pues "¿Quién habla de victorias? El
resistir lo es todo". ..... Mi
maestro Hubertus Tellenbach, de quien hablé en el Prólogo, me
contó en alguna oportunidad que los últimos versos de este
réquiem, a partir de "las grandes palabras de esos tiempos..." y
en especial la última sentencia, habían sido inspiradores de un
grupo de jóvenes intelectuales y miembros de la nobleza alemana
que se opusieron al nazismo desde mediados de la década del 30,
vale decir, casi desde un comienzo. Ellos crearon el movimiento
de la Resistencia, que terminó tan tragicamente con el fallido
atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944. Como es de todos
conocido, en los días posteriores al atentado fueron ejecutados:
el líder del grupo, el conde Stauffenberg, y todos los
conjurados, pero además varios generales de la Wehrmacht
conocidos por su actitud crítica, la mayor parte de los miembros
de la resistencia y miles de opositores al régimen. La conexión
entre este poema de Rilke y la resistencia alemana la encontré
confirmada años más tarde en la biografía de Rilke escrita por
H. E. Holthusen, quien cita al famoso poeta Gottfried Benn
(1886-1956) -también opositor a Hitler- diciendo que esos versos
habían sido "el lema de su generación". En todo caso, para los
pocos sobrevivientes tiene que haber adquirido un significado
aún más profundo y trágico ese verso final del requiém, que
durante tanto tiempo constituyera su sostén espiritual: "El
resistir lo es todo".
OTTO DÖRR
ZEGERS
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