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.......................... MIGUEL SERRANO


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CONVERSACIÓN CON MIGUEL SERRANO:
Protagonista en India

Todo sería más fácil si Miguel Serrano creyera en la reencarnación. Así, su experiencia en India podría atribuirse a méritos de vidas anteriores. Vividas en India, por supuesto. Lo que sigue es una conversación entre un protagonista y un observador no alucinado.


por Juan Manuel Vial


.......... No tendría más de trece años cuando oí por primera vez de Miguel Serrano y de sus aventuras - "búsqueda" dirá él- por India. Lo recuerdo bien porque la idea mítica de India ya era una obsesión para mí. Se hablaba de este chileno exótico que vestía a la manera hindú. Datos vagos de sobremesa contaban los logros de su embajada en el continente del encanto. Había quien informaba de su amistad con Nehru, y en especial con su hija, Indira Gandhi. El clímax de estas y otras anécdotas - peregrinas en cuanto a que eran hijas del rumor- llegaba cuando con un guiño de admiración (el que imagino fruto de una declaración de irracional chovinismo), alguien sentenciaba que Serrano, el ex embajador chileno en India, se había enamorado de Indira Gandhi. El rumor se acrecentaba de cuando en cuando (todo el episodio se aclara en sus memorias). Así me enteré de Miguel Serrano. De oídas. Años después lo conocí en persona y accedí a sus obras sobre India. Quedé impresionado con "La Serpiente del Paraíso", y más tarde, con el tercer volumen de sus memorias ("Misión en los Transhimalaya"). Ambos, invaluables testimonios, hicieron que su autor compartiera una posición de honor con otros grandes de mis lecturas indias; junto a Sir Richard Francis Burton, junto a Kipling.

El Presidente de India, Excmo. señor Rajendra Prasad, recibiendo las credenciales de Miguel Serrano en Nueva Delhi

.......... Hace cinco meses lo llamé desde París para contarle que finalmente partía. "Busque al Maharajá de Cachemira", me aconsejó. "Dígale que va de mi parte. Todo el mundo lo conoce, no le será difícil ubicarlo". Y hace pocos días lo volví a encontrar. Para hablar de India. La suya - la de un protagonista que la vivió por nueve años- y la mía, la de un modesto observador de paso, no alucinado. No más nos saludamos me dijo entre risas: "Ahora está con aspecto de hindú...". Lo tomé como el cumplido que era, y agregó: "sí, y de las castas más altas".

El color de la India

.......... Dos anotaciones en mi diario de recién llegado son útiles para ilustrar la obsesión hindú por el color de piel. La primera en el tren superrápido entre Delhi y Calcuta (19 de noviembre): "Hice amistad con Satirtha Ghosh, un entusiasta de las caminatas por los Himalaya que sabía bastante de Chile. Me preguntó por Tierra del Fuego y se ganó mi corazón. Dijo también que yo no parecía chileno, sino inglés, y no quise desanimarlo informándole que puede que aquí sea así, pero no en Londres...". Dos días después en Darjeeling, La reina de las montañas: "Conversando con el amistoso manager del teleférico (el más antiguo de la India) dijo no saber que en Chile la gente tenía "fair complexion" tez clara. De nada valió mi interrupción antirracista, pues no más concluida, él volvió a lo suyo y afirmó que imaginaba a los chilenos más parecidos a los indios". Tardarían un tiempo en llegar a mis manos las obras del brillante escritor bengalí Nirad Chaudhuri, quien en "El Continente de Circe" escribe: "Cualquier vicio que los hindúes antiguos puedan haber poseído, la hipocresía nunca estuvo entre ellos (...). Entonces, los hindúes de tiempos pasados (descendientes de los arios) nunca disfrazaron su odio a los aborígenes, y no tuvieron peros en así proclamarlo. Eran bastante kiplingianos y proclamaban: "Oh, oscuro es oscuro y claro es claro, y nunca el par se deberá encontrar". Luego: "Todos los hindúes modernos están obsesionados con la tez clara, y no pueden ver belleza alguna en una persona que no sea blanca. Los hindúes antiguos estaban libres de esta inhibición. Esto es significativo". Chaudhuri afirma que a lo largo de su existencia en India "los hindúes arios nunca han dudado en su lealtad y adhesión a cuatro cosas. De hecho han adorado a las cuatro en diferentes maneras, y estas lealtades son inherentes a su forma de vivir. Las cosas en cuestión son los Vedas, la complexión racial clara, los ríos y las vacas".

......... En sus libros Miguel Serrano también escribió sobre el complejo indio del color. Y ahora comenta: "Los ingleses como colonizadores fueron un desastre. En el Africa preferían meterse con las avestruces a meterse con una negra. En mis tiempos en la India el hotel "Cecil" de la vieja Delhi tenía un letrero que prohibía la entrada a perros y a hindúes. ¡Imagínese que los indios, en su propia casa, permitían tal aberración! Era porque estaban brutalmente humillados. Usted que estuvo en Sikkim, y que vio a esos príncipes orgullosos de Sikkim (sólo en fotos, pero sí tenían majestad), pues bien, cuando llegaban a estudiar a Oxford los ingleses procuraban hacerlos sentirse inferiores. Sin ir más lejos, al White Club de Londres, en St. James Street, quiso entrar el Maharajá de Jaipur y no se lo permitieron. La reina alojaba en su palacio cuando visitaba India... Yo vi un partido de polo entre el equipo del Maharajá y el del Duque de Windsor... Creo que muy en su interior el hindú veía cierta lógica en esta posición inglesa, pues es la que ellos habían mantenido antes de mezclarse".

.......... Me anima la primera frase de su respuesta. Los ingleses, desastre como colonizadores. Según Dickinson, fueron sus compatriotas "de entre todas las naciones los menos capaces de apreciar las virtudes de la civilización india, y los más capaces de apreciar sus defectos". Es el tono también de una reciente y definitiva investigación, "India. A History", significativamente escrita por un escocés, JohnKeay. Ahí se cita el caso de Thomas Babington Macaulay, quien, enviado a India a principios del siglo XIX como Law Member on the Governor-General's Council, luchó por el objetivo, según sus propias palabras, "de crear una clase de personas indias en color y sangre, pero ingleses en gustos, en opiniones, en morales y en intelecto. Quienes puedan ser intérpretes entre nosotros y los millones que gobernamos". Más tarde añadía: "Un solo estante de una biblioteca europea valía más que toda la literatura nativa de India y Arabia..." Repito la cita a Miguel Serrano - con la dulce premura del acusete- , y le pregunto si coincide conmigo en que lo único bueno que dejaron los ingleses en India fue el idioma, que facilita enormemente la vida del viajero. "Y no tan sólo eso", acota. "Krishna Menon no hablaba hindú, sino que un dialecto del sur. El inglés le permitía comunicarse con millones de sus compatriotas. Ahora, retomando sus observaciones, le puedo contar que Indira Gandhi me preguntó una vez: "¿Por qué los ingleses nos odian?", pregunta que le salió del alma. Le respondí que por una razón sencilla: "Ustedes contienen una tradición que ellos han perdido, la verdadera tradición aria en la filosofía". El inglés nunca pudo penetrar ni la mente ni el pensamiento indio. Y se sintió rechazado. El imperio inglés que llega a la India, el de la East India Company, no fue un imperium, sino que fue un imperio comercial manejado por piratas".

Reencarnación, Jung y alucinados

.......... Miguel Serrano, el chileno protagonista en India. Todo sería más fácil si él creyera en la reencarnación. Así, bastaría con decir que en su vida anterior ya era Maharajá. O Swami, o quizás Siddha. Como pocos occidentales, Serrano se conectó con los personajes más relevantes de la India de su época (en estos momentos su correspondencia privada con los que hicieron la historia es revisada para una pronta publicación). Recuerdo que hace un par de años asistí a la presentación de un libro sobre India en la Freer Gallery, parte de la Smithsonian Institution, en Washington. Compré un ejemplar y me puse en la fila en espera del autógrafo del autor. Cuando llegó mi turno le dije que venía de Chile, y que tenía un amigo escritor que sabía mucho de India. "Are you talking of Miguel Serrano?", preguntó al instante, sorprendido. Sí, el mismo que partió a la India en una búsqueda mística. La suya fue una misión. Encomendada por su Maestro. Falló, pues los chinos le impidieron el ingreso al monte mágico, el Kailás tibetano. Pero no completamente. "Además de que yo anhelaba hallar las ciudades subterráneas de los Himalaya, los Siddha ashrams del conocimiento milenario, avanzaba también tras el origen de la mitología y de las leyendas de los pueblos nuestros de la Patagonia, especialmente de los selk'nam de Tierra del Fuego".

- ¿Es posible para un occidental creer y vivir en el concepto de la reencarnación?
- Aunque digamos creer en la reencarnación, en el fondo de nosotros mismos no creemos en ella, tenemos una sola vida. Y en esta vida se juega todo. O se pierde todo. En cambio, si los hindúes afirmaran no creer en la reencarnación sería una falacia. Está dentro de ellos mismos. Por lo demás, la forma en que la reencarnación se traslada a Occidente, en sus últimas y definitivas oleadas, adquiere un sentido pervertido. Cuando Madame Blavatsky habla de reencarnación en el siglo XIX lo hace en un sentido más bien novelesco. Por ejemplo "yo fui Napoleón"; o "ella fue Popea". Pero nadie se reencarna en pordiosero. Sin embargo, la idea de reencarnarse no es ajena a Occidente: los cátaros creían en ella. Ahora ¿qué tipo de reencarnación? La idea que presenta Nietzsche cuando habla del "eterno retorno" es una reencarnación, pero una de tipo diferente. Buda habla de la reencarnación, pero nunca habla del alma. Cuando le preguntan sobre el alma no contesta. Entonces, ¿qué es lo que se reencarna? Puede ser el eterno retorno.

- Cuando el profesor Jung regresa de India le preguntan cómo fue su experiencia. El responde que India para él fue "una gran disentería..."
- A mí se me entregaron los originales manuscritos sobre su experiencia en India. El consideraba al hindú un ser no individuado, arquetípico. No existía una aventura individual. Cada personaje era un arquetipo de algo. Neruda me decía acerca de mis empleados en la embajada: "Aquí no se puede hacer nada. No puedo invitar a nadie aquí porque éstos lo están mirando todo, en permanentemente escrutinio". Yo le respondí: "Es cierto, lo saben todo, pero no lo usan". No está en ellos detenerse en el pequeño detalle. Cuando se le ofreció a Jung entrevistarse con el Maharichi, contestó: "no gracias... Para qué, si yo ya vi a Rama Krishna. Son todos iguales. Son un arquetipo". A la vez, Jung pensaba que la yoga era dañina para Occidente.

.......... El escritor chileno sabe de las hordas de occidentales que visitan India en búsqueda de un conocimiento que por ignorancia y actitud les será siempre esquivo. En su tiempo las presenció. Le cito el caso lamentable de Krishnamurti (usado y finalmente destrozado) a quien conoció. Comenta: "Krishnamurti se perdió. Lo pescaron aquí, en Occidente y lo deformaron. Lo mismo le sucede hoy al Dalai Lama. Los agarra la cosa comercial. No son inocentes aquellos occidentales que van a distorsionar con su intrusa presencia el orden antiguo de la sabiduría hindú. Esos grupos místicos son todos de débiles mentales. Se vuelven loquitos, y uno va encontrándose mujeres que están recitando mantras el día entero... Eso es un absurdo". Lo inmutable es la devoción del hindú en sus creencias. Lo describe Serrano en "La Serpiente del Paraíso" cuando visita el Kumbh Mehla de Allahabad: "Cuatro millones de seres se han reunido en la ciudad de Allahabad. Grandes torres de acero se levantan para que desde ellas pueda contemplarse el espectáculo y también para controlar ese mar humano. Aquí, en medio de todo esto, me siento como una brizna, perdido, impulsado por un indefinible sentimiento de respeto ante fuerzas que escapan a toda dirección y que se mezclan, se unen: los astros, la tierra, el agua, el alma. Sigo recorriendo con dificultad entre el gentío, arrastrado por sus olas. Viene la procesión de los 'sadhus'. Avanzan desnudos, cubiertos de cenizas, con rostros pintarrajeados, de color verde. Un enorme elefante trae sobre su lomo a un jefe o 'gurú'. El elefante tiene sus patas encadenadas y marcha balanceándose, cadencioso. Levanta su trompa y resopla. El pelo del 'gurú' está trenzado en un moño inverosímil, rojo, café, con azafrán y excrementos. Viene completamente desnudo. Es el dios Shiva".

.......... Le cuento que en febrero pasado el Kumbh Mehla de Allahabad reunió a treinta millones de personas bañándose en la confluencia sagrada el mismo día. No se sorprende. Le informo que ya no hay elefantes. Los suspendieron por las estampidas que aplastaron a tanto peregrino. Y no más relatarle una experiencia impresionante en la carpa de un gurú sadhu - fui objeto de una transmisión telepática poderosísima- , le pregunto si él cree que estos ascetas sabios sean todavía capaces de manejar técnicas de conocimiento antiquísimas, que si fueran mal usadas serían terroríficas. Me responde bajando la voz: "Claro, hombre. Todavía existe ese poder de comunicación telepática, más allá de las palabras. Eso fue así y sigue siéndolo. En los libros hindúes antiguos se llega a decir que los "vimanas", o sea los discos volantes, eran manejados con el pensamiento. El poder de la mente que se perdió".

.......... Miguel Serrano ya no tiene sueños con los estrechos callejones multicolores de la India. A veces sueña con personas, "con amigos entrañables, como fue Nehru, como fue IndiraGandhi". Pero sí extraña: "Un mundo como debajo del agua, donde las cosas suceden en tiempo diferente, y donde nadie se aburre, pues están sumergidos en un inconsciente colectivo. El hombre no vive totalmente en el presente. Tiene cinco mil vidas hacia atrás y otras cinco mil por adelante; no hay apuro. El atractivo es inmenso, pues implica un abandono momentáneo de nuestro Yo".

.......... Quien pisó la India la amó o la detestó. Y si la amó - y la entendió- , el regresar le será mandatorio y benéfico. Para cuando me llegue ese momento ya no tendré pudores de colegial: lo primero que haré será llamar al Maharajá de Cachemira. Para hablar de su India y de la de Miguel. La India de una "búsqueda interior".

 

en El Mercurio, 8 de abril de 2001


 

 



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