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... La repetida constatación de la
imposibilidad de retornar a ese mundo habría producido "el gran
logro" de la poesía de Teillier: "La suya no es, como pretendía, una
poesía que vuelve a los lares, sino una poesía que no puede volver a
ellos, y que cuenta cómo se va cumpliendo, inexorablemente, una
maldición y una derrota: la consumación fatal de la tragedia de los
lares".
... Mi impresión es que
hay un desplazamiento de la posición del poeta desde su afirmación
del espacio lárico - ya sea desde la lectura de sus signos en sus
reiterados retornos al pueblo natal o directamente desde el ensueño
o recuerdo de su pasado en este pueblo- , hasta su gradual
descreímiento en su existencia real en el pasado de su infancia o en
alguno más remoto. Sin embargo, ya algunos de sus poemas de su
primer libro, "Para Angeles y Gorriones", publicado en l956,
y algunos de sus últimos textos - golpeando juntos desde los dos
extremos de la cronología y destruyendo, así, toda ilusión de un
desarrollo sólo lineal de su poesía- coinciden en no considerar al
lar como fundamento real de las formas de vida colectivas en que
habría transcurrido la infancia del poeta.
... Pero una parte decisiva de su producción -
por lo menos, hasta "Crónica de un Forastero", de l968- se
entrega a la representación del mundo lárico; esto es, de una
comunidad comprendida por el poeta como una totalidad orgánica y no
mecánica o aditiva - opuesta a la sociedad moderna y sus conflictos
sociales, económicos y culturales- , comunidad en que sus habitantes
establecen relaciones de cooperación, correspondencia y armonía
consigo mismo, la colectividad y la naturaleza.

El idilio y el
lenguaje
...
La forma de representación del mundo lárico es el idilio, que se
despliega en la obra de Teillier como representación estática de
esta forma de vida y su paisaje - suspendida en el tiempo en virtud
de la fuerza poética- , algo así como una serie abierta de
instantáneas en que se fusiona un ideal de vida y su supuesta
realización en el ámbito lárico, raptando a la mirada su percepción
del flujo temporal que rodea y amenaza al idilio.
... Pero el propio poeta sabe oscuramente que
esta experiencia o visión idílica de la vida en el presente del
recuerdo o también en el pasado supuestamente lárico es, a lo más,
una sucesión de instantes, separados por largos intervalos de tedio,
ya que, citando a Laforgue, "después de todo, se sabe bien/ que, en
cualquier parte, la vida es demasiado cotidiana".
...
Pese a las dificultades de su proyecto - y a su necesidad de acceder
a su supuesto origen como fundamento para su vida- , la relación de
Teillier con el lenguaje es suficientemente distendida. En su
escritura poética no se percibe ningún forzamiento del lenguaje,
sino más bien una fluida naturalidad. No se advierte esfuerzo
alguno, pero sí reiteraciones que descansan en una relación no
exigente ni agónica con el lenguaje, en que acepta lo que éste da
naturalmente, en el supuesto de que es básicamente incompetente para
conectarse de manera apropiada con la realidad verdadera o, al
menos, con la que busca Teillier en sus poemas.
... La escritura de Teillier no es
confrontacional, no surge de una pugna visible por alcanzar la
expresión o el sentido de las cosas. Podría decirse que el poeta
mismo se resigna a lo que las palabras permiten, que nunca es
penetrar plenamente en el sentido actual de las cosas, sino sólo
señalarlo. Por ello, reitera las palabras y hace de la reiteración
otra forma de señal o señalamiento.
...
Sorprende también la aparente indiferencia del poeta ante la
desaparición del mundo lárico que, sin embargo, anhela recuperar.
Creo que esta disposición no responde a una falta de compromiso, ni
siquiera a una estrategia de disimulo de la ansiedad o urgencia de
recuperarlo, incluso como imagen ver-dadera. Esta pasividad y esta
desconcentración efectiva - o resignación en el doble sentido de
aceptación de las condiciones de su existencia y de dejarse
(re)marcar, conducir una vez más por los signos del mundo lárico- le
parecen al poeta el único medio o camino para reencontrar ese mundo
o sus huellas, literalmente, a la vuelta del camino o en la lejanía
inalcanzable en que se alza su casa, según decía Hermann
Broch.
... Para la viabilidad de
su proyecto, resulta significativo que el primer poema del primer
libro de Teillier - "Otoño secreto", de "Para Angeles y
Gorriones"- comience con el reconocimiento, vagamente elegíaco,
de la pérdida de su lengua, constituida por las "amadas palabras
cotidianas" que nombraban el mundo de la infancia, de la casa
familiar, del pueblo natal de La Frontera, entregando la seguridad y
resguardo de una forma de vida legible y que daba la impresión de no
estar amenazada por cambios sustanciales. Pero en este mismo poema,
más adelante, el silencio - que aparecerá como una forma de lenguaje
en la poesía de Teillier- le revela la amarga verdad que subyace a
esta permanencia, instalada aparentemente al margen del
tiempo.
... Esta lengua que ha
perdido el poeta es - según afirma y da por supuesto a lo largo de
su obra- la lengua o código regional de la comunidad lingüística de
su lugar de origen. El significado "verdadero" de las palabras es el
que correspondía a su uso cotidiano en ese mundo : "la luz
inmemorial de las palabras/ilumina este cuarto de techos ahumados...
La luz de las palabras verdaderas/ gastadas como instrumentos/ que
pasan de padres a hijos".
... La
luz de ese pasado que ilumina este mundo, y que le hace irradiar su
sentido - que se enciende al nombrar las cosas con las palabras que
les corresponden- , es la que pretende recuperar la poesía de
Teillier. Para ello - para esta operación de develamiento o
reanimación- ,debe reapropiarse de los significados supuestamente
originales, en el presente de la lengua común recubiertos o
transformados.
...
Paradójicamente, lo novedoso, lo nuevo que trae esta poesía es lo
que, con el tiempo, se habría perdido de vista, yacería enterrado en
la memoria personal o en la historia, sobreviviendo apenas en
marcas, huellas, señas y restos dispersos en el
presente.
... La poesía es, en
este sentido, una experiencia de las cosas y el mundo, alcanzada por
una escritura que es poética porque las nombra: "Pocos saben lo que
es un poema/ Pocos han puesto su cara al viento en un trigal". En el
presente del poeta, sin embargo, esta legibilidad del mundo - la
correspondencia de hombre y naturaleza- empieza a desaparecer; como
hemos dicho, se hace fragmentaria y sus ruinas se convierten, para
el poeta, en signos de un pasado, en el mundo lárico que, desde la
tendencia o deseo inicial de imaginarlo como realmente existente en
ese pasado, concluye por ser comprendido como puro correlato del
anhelo de comunidad humana y conciliación con la naturaleza,
imaginado incluso - en su poesía última- en la soledad de la gran
ciudad, deambulando el poeta entre el bar y la clínica: "Pues lo que
importa no es la luz que encendemos día a día/ sino la que alguna
vez apagamos/ para guardar la memoria secreta de la luz/ ... lo que
importa no es el carruaje/ sino sus huellas descubiertas por azar en
el barro".
... El mundo lárico se
hace, así, proyección imaginaria de una poesía sobre el pasado, el
tiempo del origen, de manera equivalente a como Enrique Lihn - en su
poesía última, en "Pena de Extrañamiento"- superpone
morosamente una utopía de lo que pudo ser y no fue sobre las calles
y el tiempo de Nueva York.
El reverso
trágico del idilio
...
La violencia sobre la que históricamente fue (re)fundado el mundo de
La Frontera - los conflictos con las comunidades indígenas que
habitaban esas tierras y que fueron relegadas a territorios
marginales, sintomáticamente llamados reducciones, de manera análoga
a la reducción de los restos humanos en las tumbas, para hacer lugar
a otros- no aparece en la poesía de Teillier.
... Esta ausencia no puede atribuirse a un
descuido del poeta - que era un estudioso de la historia- , sino a
una condición poéticamente necesaria para hacer posible y verosímil
el ensueño de una comunidad en que estén conciliados la naturaleza y
la cultura, el pasado y el presente, el hombre y su
prójimo.
... Asi y todo, la carga
trágica que subyace a este mundo, láricamente representado, no surge
principalmente de esta violencia diferida o más bien transferida de
los pueblos - como "perdices echadas en los cerros"- a las tierras
lejanas, sino desde la temporalidad materialmente activa que rodea y
atraviesa el espacio rural, al que se ha sobrepuesto la calma
engañosa del idilio y las ilusiones de permanencia que suscita para
quien asiste a su contemplación desde un ángulo visual que deja
fuera del encuadre el entorno amenazante, la lejanía que - recortada
contra las montañas, que tampoco aparecen en estos poemas- proyectan
sobre el paisaje, los árboles y las casas, los reflejos de la
catástrofe que la sociedad actual lleva a cabo y que conducirá a la
muerte del planeta. Todavía más, la perspectiva del poeta
teillieriano no pretende siquiera rozar los tiempos y espacios
estelares - magnitudes inabarcables para el hombre- , pero no deja
de vislumbrar el mundo lárico; esto es, la fragilidad de su
existencia, suspendida en el abismo de estas inmensidades : "desde
antes que supiésemos quienes somos/ cuando eramos fantasmas entre
ruinas/ contempladas por estrellas muertas hace siglos".
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