... Digamos, ante todo,
que el libro de Uribe es delicioso. Aparenta hablar sobre un tal Paul
Leautaud (1872-1956), autor francés menor. Pero no se preocupe el
lector: esto de Leautaud es mera apariencia. Quien quiera saber más
acerca de Leautaud. ¡que lea a Leautaud! (El libro de Uribe trae los
nombres de los libros, por si acaso.) Yo, después de leer a Uribe, he
logrado coleccionar lo siguiente: el nombre de Leautaud (Paul Leautaud),
el de sus obras, algunas vagas ideas acerca del amor, el arte de
escribir, la guerra, los gatos, Gide, etc. (ninguna de las cuales me
parece singularmente interesante o novedosa). También entrevemos un
viejo encantador. Pero entonces, preguntará el lector, ¿de qué trata el
libro de Uribe? Pues, sobre Uribe. (Leautaud aparece
también.)
... Se nos trata de
comunicar la actitud del profesor Uribe,las experiencias sucesivas del
lector Uribe, los problemas del hombre Uribe, las citas del escritor
Uribe (sí, el mismo que escribió Cajón Desastre en
Mapocho) frente a Leautaud (sí, algo tiene que ver Leautaud: es
el que provoca todo esto). Para esto incorpora al chispeante ensayo los
siguientes elementos: la corriente de la conciencia, la polémica con el
autor, el velado chiste, la duda, la narración de su propia biografía e
ideas. Se preocupa de que el asistemático Leautaud llegue hasta nosotros
con el menor grado posible de organización. Lo consigue. Y se burla, con
un lenguaje dinámico e incisivo, de la tradición académica formal que
pesa sobre un típico ensayo y que amuralla a un estudioso y a cualquier
hombre en esquemas falsos ("las universidades se apoderan de escritores
que han maldecido a las universidades y los clasifican entre los autores
que han maldecido a las universidades"). Este juego literario, este
desequilibrado tono de intimidad confesional, esta constante ironización
de la realidad (como si Uribe fuera siempre el otro para sí
mismo, como si se mirara y no creyera mucho en lo que acaba de decir),
todo esto, permite deleitarnos y sonreír.
... Sin embargo, hay
aquí fallas fundamentales. La base del interés del lector deja de ser
Leautaud para concentrarse en Uribe. Pero la personalidad del autor no
es lo suficientemente robusta como para sostener ese interés. Se trata
de una novela autobiográfica disfrazada de ensayo. Pero no se nos hace
sentir profundamente, no se nos muestra la inmediatez desnuda de un
alma, no se nos transporta intensamente. Los problemas son
pseudo-problemas literarios, que no enriquecen mayormente al lector. A
veces logra comunicar algo sin enmascararse ("Soy cuanto leo, no estoy
solo, Leopardi camina conmigo por las calles, Jean-Paul Sartre se sienta
en i oficina, tomo once con Leautaud que me sonríe desdentado"), pero en
general escabulle la responsabilidad. Prefiere mantenerse en la
brillante periferia, entregándose a un fácil caleidoscopio de ideas
ingeniosas, a una calesita de dudas y preguntas que ni perturban ni
emocionan al lector, aunque puedan deslumbrarlo con su
gracia.
... Tal vez no he comprendido el libro. Tal vez Uribe ha querido
crear precisamente ese desajuste, aquella irritación, esta perplejidad,
acaso ha deseado que sus lectores repitan con su libro la experiencia de
Uribe frente a Leautaud. O tal vez sea una gigantesca tomadura de pelo.
No sé. Pero debajo de los chistes, frases, citas, laten una seriedad y
una angustia tales, que tengo la impresión de que estamos frente a un
libro que casi -pero sólo casi-, CASI, entiéndase, con mayúsculas, fue
grande.
en ERCILLA nº 1.631
Stgo 7 septiembre 1966